Hablando en plata

Nadie se queda atrás

18.10.2015 | 02:00

Nuestras Fuerzas Armadas se han caracterizado siempre por ser un ejemplo en cuanto a solidaridad y compañerismo se refieren. Son incontables los casos en los que militares fuera de servicio han salvado la vida de cualquier ciudadano, incluso arriesgando la suya propia. Es más, nuestros propios soldados tienen la consigna de no dejar nunca atrás a ningún compañero. Pues bien, este hecho parece que tan solo afecta a las tropas regulares, puesto que después de más de 12 años de misión en Afganistán nuestras tropas se han retirado, en lo que parece ser una victoria agridulce contra los talibanes, pero dejando a algunos compatriotas atrás.

A lo largo de las cientos de misiones desarrolladas por nuestras tropas en esa desértica tierra, han tenido que tratar con miles de ciudadanos anónimos cuya única intención era la de ganarse la vida.

Para poder tratar con ellos, ha sido necesaria la colaboración de decenas de traductores, muchos de los cuales eran padres de familias que arriesgaron sus vidas juntos a los soldados para que el resto de la población pudiese entender lo que decían los "invasores", y que resultaron indispensables en una de las misiones fundamentales que llevaban a cabo los militares, como era la instrucción de las fuerzas armadas afganas, las cuales se han hecho cargo de la seguridad tras la retirada de gran parte de la coalición internacional de Afganistán.

El Ministerio de Defensa ha optado por retirar antes decenas de contenedores cargados con todo el material, a proporcionar unas condiciones de vida dignas a aquellos que se jugaron la vida junto a nuestros hombres. Tras diversas protestas, cartas, y manifestaciones los máximos responsables del ministerio permitieron venir a España a los traductores concediéndoles un visado humanitario. Este hecho responde al peligro que supone para todos aquellos que colaboraron con la coalición internacional, el seguir viviendo en su país, en donde se les considera traidores. Una vez en España y tras pasar seis meses en un Centro de Atención al Refugiado, las ayudas se han terminado, y la inmensa mayoría de los 42 intérpretes que trabajaron para nuestras tropas corren el riesgo de verse en la calle.

No es propio de un país que se vanagloria de ser un referente en cuanto al respeto de los derechos humanos se refiere, dejar en la estacada a todos aquellos que se jugaron la vida junto a nuestros militares, y porque no decirlo, sin los cuales hubiese resultado imposible llevar a buen término el trabajo de las tropas. Los traductores se merecen el mismo trato que cualquier soldado que haya estado en zona, puesto que al igual que este se esforzó e incluso arriesgó todo lo que tenía para llevar a buen término su misión, como lo hicieron los miles de hombres y mujeres que pasaron por Afganistán.

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