AlaContra

El banquero bueno

17.10.2015 | 23:31

La noche de los cajeros felices fue, sin duda, el momento más complicado de la carrera de Andrés Orozco. Quizás ahora, con el paso del tiempo, el asunto pierda la importancia que para este banquero bueno tuvo en su día, pero el simple hecho de recordarlo, imagino yo, le producirá palpitaciones. Y no es para menos.
Aquella noche, todo el staff de CaixaBank en Canarias aguardaba en el cuartel general de la plaza del Patriotismo a la espera de que se produjera la integración definitiva entre la extinta Caja Canarias y La Caixa, cuando de buenas a primeras, las personas que se acercaban al cajero a sacar dinero descubrían que de aquellas máquinas sacaban perras que no tenían. Era como revivir el milagro de los panes y los peces. De repente, la chifladura de las máquinas expendedoras de billetes ruló como la pólvora por las redes sociales y la onda expansiva de los WhatsApp originó colas inmensas de clientes, tarjeta en mano, en busca de su parte del botín.
Andrés, sorprendido por lo que estaba sucediendo, salió de la sede de la Caja hasta en tres ocasiones para comprobar que no era coña lo que le contaban que estaba sucediendo. En alguna de sus escapadas se cruzó con algún que otro equipo de televisión en busca de la noticia, que, afortunadamente, logró esquivar agachando la cabeza.
Aquella noche, Orozco pensó que era la fin del mundo, máxime cuando empezó a recibir llamadas de las altas instancias, como fue el caso de la Consejería de Economía y Hacienda del Gobierno se Canarias y de la Delegación del Gobierno, preocupadas por lo que ocurría (claro, no es normal que los bancos regalen dinero a la gente y ellos sin saberlo). Imagínense aquella noche a Javier González Ortiz, desatado, en búsqueda de un cajero cercano donde conseguir perras para ampliar los presupuestos de la Comunidad Canaria.
Afortunadamente, aquello se arregló. Y fue eso, una anécdota. Pero, sin duda, la experiencia más dura, alarmante y extraña que haya vivido Andrés.

Bueno, no porque lo diga yo

Orozco se retira a los 63 años, aunque sus jefes no querían. Un par de llamadas de atención, de esas que nos da el corazón y que nos indican que hay que vivir la vida (alguna conté aquí), le hicieron plantearse, después de 17 años de servicio a la entidad financiera más importante de Canarias, que llegaba el momento de la retirada. Y tras mucho insistir, Isidro Fainé, presidente del banco, le dijo que sí pero con una condición: "Te vas Orozco pero sin irte". Y ahí Fainé, se mandó un punto o, como decimos los canarios: se arrayó un millo, porque a nadie se le escapa que Andrés no sabe vivir sin trabajar y que CaixaBank necesita el alma de Orozco.
Este chicharrero, licenciado en Derecho por la Universidad de La Laguna, se incorporó al sector bancario en 1983, empezando desde abajo, como los grandes conseguidores. Primero como gestor comercial, para, posteriormente, realizar funciones como delegado de riesgos, director de oficina y director de área. En 1989 ingresó en La Caixa como director de oficina, para desde 1998 convertirse en delegado general de Canarias.
A Orozco lo llaman el banquero bueno, no porque yo lo diga, sino porque lo repiten una y mil veces las miles de familias que estuvieron a punto de perder su única vivienda cuando a los bancos les dio por desahuciar a la gente a la primera de cambio y para las que Andrés consiguió arrancar a su entidad el compromiso de que los canarios en situación de desespero no pasarán por el calvario de quedarse sin techo.
A Andrés la sociedad lo reconoce como el banquero bueno porque aprovechó su posición en La Caixa y logró de su banco los fondos necesarios para poner en marcha y mantener los desayunos escolares para los críos de miles de familias canarias sin recursos, cuyos hijos acudían a clase con el estómago vacío, en el momento de mayor virulencia de esta maldita crisis. Orozco, en todos los foros en los que ha participado en lo últimos años, sostuvo que los peor parados de esta terrible situación serían los niños y que el daño para éstos sería irreparable. Pero no sólo advirtió de la consecuencia de la crisis en los más pequeños, sino que actuó en la medida de sus posibilidades, que eran muchas, para cambiar esa realidad. Y de paso salvarle el trasero al Gobierno de Canarias en este asunto.
A Andrés lo tildan de banquero bueno sus propios compañeros, los más de 1.400 personas que trabajan en las 262 oficinas de la entidad en las Islas y de los que Orozco presume como "auspiciadores de su carrera y de la fuerte implantación deCaixaBank en Canarias". Les aseguro que cada compañero que se cruza con el hasta ahora director territorial en estos días de despedida primero le da un abrazo y luego le espeta al oído un: "No te vas Andrés, porque nosotros siempre estaremos contigo".
No hay ni un solo responsable de ONG o voluntario que haya conocido a Orozco y no diga de él que es una buena persona. Colectivos que agradecen que su entidad estuviera ahí cuando las administraciones les dieron la espalda y les cortaron el grifo de las ayudas para desarrollar labores solidarias y humanitarias. A Andrés, y he sido testigo, lo reciben en las sedes de las ONG como un voluntario más, entre besos y abrazos, agradecidos de que este hiciese aflorar la sensibilidad a los bancos, pareciendo que éstos tuvieran alma.
Orozco se ha ganado a pulso el título de banquero bueno. No cabe duda. Y ahí están los hechos. Lo más curioso es que haya conseguido de la sociedad ese calificativo en el momento de mayor desprestigio de bancos y banqueros. En medio de las sonadas tarjetas black e incesantes escándalos financieros.

Posdata

Querido Andrés, en estos días en los que la sensibilidad la tienes a flor de piel y en los que no paras de soltar lágrimas, disfruta de cada abrazo que recibes, no cabe duda de que te los has ganado a pulso.
Ahora toca dedicarte a tus hijos que te quieren con locura y que son tu vida. Tú eres un hombre de familia. Ahora te toca observar desde la distancia, pero sin irte, de lo que tú y tu equipo, todos los empleados de la CaixaBank, repartidos por cientos de oficinas de Canarias, han conseguido a lo largo de todos estos años de esfuerzo. Ahora toca mirar cuanta obra buena realizada, cuantos gestos generosos tenidos para los que pensaban que habían perdido todo. Ahora toca vivir la vida amigo.

Ahí va otra posdata:

El día que los altos mandos de la entidad se reunieron en Barcelona para darle el visto bueno a la prejubilación de Andrés y comunicárselo, al término de la misma, y cuando éste casi abandonaba la sala, el que más manda en el banco le espetó ante los presentes: "Orozco, te vas pero sin irte, y no olvides nunca que para tus compañeros y para este banco tú has encarnado El alma de La Caixa".

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