Luz de luna

¿Cómo se puede llamar Guernica a las botas de fútbol de Messi?

14.10.2015 | 02:00

L a semana pasada me sentí otra vez impotente al comprobar cómo muchas personas viven en su particular mundo bipolar basado en quejarse de todo lo que les rodea, producto del fantasma de la crisis económica, y continuar alimentando a los monstruos del consumo, el materialismo y la esclavitud laboral en otros países.

De nuevo, vuelvo a tocar este tema, y no me cansaré de hacerlo hasta que pongamos fin a esa barbaridad, reflejado en esta ocasión en la salida al mercado de una edición limitada de las botas de fútbol de Lionel Messi, cuyos potenciales compradores hicieron cola durante tres días para adquirirlas, estando dispuestos a pagar hasta trescientos euros. Se mostraban exultantes por tener en sus manos lo que consideraban el equivalente a un Picasso, como si reflejar la barbarie de la matanza en Guernica fuese lo mismo que contemplar ese objeto banal, aunque la realidad es que tanto uno como otro están envueltos en terror y sufrimiento.

Estos deportistas y sus contratos publicitarios, auspiciados a su vez por las propias políticas de marketing de los clubes donde militan, garantizan la continuidad de la maquinaria de los desequilibrios sociales. Esas botas son una mota de polvo dentro de esta compleja situación y nuestra conducta de consumidores e idólatras nos convierte en cómplices directos de la misma. Cada vez que nos regodeemos con ellas o nos sintamos eternos e invencibles vistiendo la elástica de alguno de esos equipos, deberíamos tener en cuenta que el setenta y cinco por ciento de los balones de distintos deportes se fabrican en Pakistán, más concretamente en la región empobrecida de Sialkot, cosidos a mano en horarios infernales de diez o doce horas diarias en forma de línea de producción, al estilo de las fábricas de automóviles, además de llevarlo a cabo también en sus propias casas, y todo por un salario que no asegura ni los mínimos necesarios para sobrevivir.

En 2001 los periodistas austríacos Klaus Werner y Hans Weiss denunciaron en El libro negro de las firmas de marca esta práctica de utilizar mano de obra barata, ejemplificada en casos como demostrar que a las mujeres que trabajaban en las empresas textiles de Indonesia se las despedía durante la menstruación para que no perdiesen el tiempo yendo al baño, sin olvidar tampoco que en las denominadas "fábricas de sudor" lo hacían en esos momentos millones de mujeres y niños en jornadas entre 60 y 84 horas semanales por un sueldo que no solía sobrepasar el 0´4% del precio de venta del artículo, según los datos aportados por la ONG Campaña Ropa Limpia.
A estas alturas del siglo XXI, nada de esto es novedoso, pero seguimos dándole la espalda a esa explotación laboral en ese tercer mundo, convertido en tierra de oportunidades para las grandes empresas deportivas y de moda en general al deslocalizar en él sus fábricas en unas condiciones infrahumanas, contando con el apoyo de dictaduras y gobiernos autoritarios, que permiten su asentamiento a cambio de determinadas sumas de dinero con las cuales confirmar su continuidad en el poder. Necesitamos de la existencia de muertos de hambre que trabajen por una miseria para permitirnos estos lujos, pues la existencia de esas aquellas en el primer mundo provocaría un incremento desorbitado en el precio de venta, ya que la empresa tendría que contratar a los empleados atendiendo a salarios mínimos legales, además de hacer frente a derechos básicos como el de sindicación.

Messi comienza otra temporada: es hora de adquirir su nueva camiseta. Él se enriquece, tú sigues creyendo que lo mejor que le puede pasar a tu hijo es que siga sus pasos, y en esa otra parte de este planeta millones necesitan que aquel meta más goles y que tú compres más para que ellos subsistan a su vez como esclavos del sistema. Y luego veo felices a los miembros de la FIFA y la UEFA, imbuidos en sus trajes galantes y millonarios, esbozando una sonrisa de satisfacción al vendernos su caja de ilusión, que suena como una caja registradora. El deporte es una extensión del poder.

Compartir en Twitter
Compartir en Facebook
Enlaces recomendados: Premios Cine