Tomando el pulso

Cesta personalizada

13.10.2015 | 02:00

E n muchas ocasiones, el ir a la venta o supermercado con lista en mano, es un ritual. Ahora, hacerlo con la idea de llenar una cesta de la compra y personalizarla, es como dicen nuestros mayores, todo un poema. Vamos a comprar la charcutería y empieza el espectáculo, a cuál más original con sus formas y comentarios. Jamón cocido del especial y finito, una media de doscientos gramos. La carne ajamonada, de la cuadrada, cortadas las lonchas un poquito más gruesas para que no se peguen unas con otras una vez tengan contacto con el frío de la nevera. Igual pasa con la carne de ave, la redonda y la buena también viene en lata. Si no quiere uno lo anterior se puede optar por la pechuga de pavo, normal o braseada, ideal para los que dicen estar a régimen, haciendo un rollito cada vez que sientan ganas de comer y así quitar la ansiedad. La mortadela, de la grande e italiana, bien finita para poder doblar la loncha en varias partes y hacer una especie de rosa en el plato para aliñarla tanto con aceite de oliva como con orégano. El queso amarillo, del llamado normal, el elegido para toda clase de bocadillos y en tacos cuando se quiere preparar aquel aperitivo tan famoso con la guinda roja encima y todo sujeto con un palillo.

A veces, se pide queso blanco con la idea de juntarlo con dulce de guayaba o membrillo dentro de dos galletas rectangulares, de las de toda la vida. El chorizo bien finito para que no cueste masticarlo y así empezar a tirar del bocadillo, haciendo todo un esfuerzo. Llegamos a la carnicería y piden un bistec, filete en la Península. El carnicero pregunta :¿De ternera o de cerdo? Prefiero de cochino, contesta el cliente. Otra observación, tenemos de cerdo pero el cochino lo tenemos que ir a matar. Vale, pero que esté blandito, es el argumento final. Cada uno a lo suyo y con su tema.

Es curioso como para algunos, el plural de bistec son "bisteleces", el más difícil todavía, como en el circo. Terminamos con la fruta y la verdura, que aunque esté a la vista el cartel de no tocar el género sin los guantes, es inevitable que los de siempre, lo hagan haciendo oídos sordos. En fin, toda una experiencia a realizar y así saber el coste de la famosa cesta.

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