A la contra

A Morera se le fue el baifo

11.10.2015 | 01:10

No debió quedarse muy contento con las explicaciones dadas por Jesús Morera, flamante consejero de Sanidad del Gobierno de Canarias, el diputado popular Guillermo Díaz Guerra, que le espetó un "vamos un día a Urgencias como pacientes, sin que nos reconozcan, y cuando lleve tres horas allí, seguro que se le van a ocurrir 20 medidas". Cojonuda la invitación del diputado popular al consejero socialista pero que quedará en nada porque pruebas tenemos de que, cada vez que un mortal coge las riendas del Servicio Canario de Salud, su primera medida es no pisar jamás una dependencia sanitaria del sector público hasta que termina el mandato.

Las explicaciones de Morera en su comparecencia parlamentaria, a instancias del diputado popular, fueron de tralla. Tan de tralla que, cuando espetó en la Cámara y ante los presentes aquello de "no vamos a crear un sistema con recursos ociosos, con médicos y enfermeras con los brazos cruzados en los periodos de normalidad", se armó una carajera. ¿Acaso olvidó el doctor Jesús Morera que en la sanidad canaria, por culpa de la mala gestión de los nacionalistas, populares y ahora de los socialistas, jamás ha habido PERIODOS DE NORMALIDAD (va en mayúsculas y negrita para ver si se les graba en la masa gris del totizo).

Ni que decir tiene que las declaraciones del consejero de Sanidad han sentado como una patada en la barriga en todo el sector sanitario, además de la calentura general de los pacientes que padecen la escasez de personal en las Urgencias y en todos lados.

Una apreciación, después de lo dicho en el Parlamento: don Jesús Morera debe ir con urgencia a su médico de cabecera y hacerse mirar eso. ¡Pero que se lo mire bien!

Por más que lo intento, no le encuentro explicación a que cada vez que toma las riendas de la sanidad canaria un político cuya profesión es la de médico, hable sin razón, diga estupideces, crispe al personal y gestione con los pies. Ya nos pasó con los nacionalistas María del Mar Julios, Fernando Bañolas, Brígida Mendoza, con la popular Mercedes Roldós y, ahora, con éste. Todos médicos, y cortados por el mismo patrón.

Tamara reinventa

He traído hasta esta página el nombre y la foto de una firma de este periodico: Tamara de la Rosa, que, además de ser una buena psicóloga, es una madre excepcional. Resulta que esta profesional de lo que nos pasa en la cabeza, esta ganando notoriedad no solo por el resultado con los pacientes que acuden a su consulta o lo que publica en redes sociales, prensa, o lo que larga en sus conferencias, sino por la importante cantidad de políticos y empresarios que acuden a ella para que les asesore en diversos asuntos, o que imparta conferencias entre sus equipos de trabajo o empleados. Y no es que me lo diga ella, que tiene que respetar aquello del secreto profesional, sino que sus importantes asesorados pregonan a diestro y siniestro el éxito de sus sesiones.
Tamara de la Rosa pertenece a ese grupo de psicólogos que, como Leocadio Martín, José Juan Rivero o Fran Lorenzo, han irrumpido en la sociedad canaria a través de las redes sociales y los medios de comunicación, y que tienen una sensibilidad especial para ayudar a la gente y hacerlas protagonistas de sus propios cambios y logros.

Movimientos

Movimientos los que se están produciendo en el Cabildo tinerfeño. Es el caso de Nicolás Hernández, elegido consejero por Ciudadanos en las pasadas elecciones, y al que, tras un rifirrafe interno por no sé qué carajo, su partido largó de sus siglas y ahora, además de no soltar su acta de consejero insular, se ha pasado al grupo de los no adscritos. Así que Ciudadanos se ha queda sin representación en el palacio insular. Un obstáculo más para las aspiraciones de Albert Rivera de ocupar la Moncloa, ya que, a poco que se descuide, se queda sin ciudadanos que le representen en las instituciones donde los naranja rascar algo.
Pero este no es el único movimiento en la máxima institución insular. La conservadora Pilar Merino ha decidido dejar el Cabildo, no sabemos si por cansancio o por decepción (tampoco lo necesita, ya que las cosas afortunadamente le han ido bien). Su puesto en las filas del PP lo ocupará la arquitecta portuense Natalia Mármol (el apellido le viene que ni al pelo con su profesión).
Hablando de movimientos, ¿por qué Coalición Canaria no deja de hacer encuestas sobre la valoración de algunos de sus líderes, entre ellos Carlos Alonso, y de una vez por todas dan el paso? A dos meses de las Generales, los nacionalistas deberían tener claro que a estos comicios deben acudir con candidatos con credibilidad y respaldo social. Y no creo que hagan falta encuestas y sondeos para tener claro que Alonso reúne los requisitos para formar parte de las listas al Congreso o al Senado. José Luis Perestelo fue presidente del Cabildo de La Palma y diputado junto a Oramas, y arrambló con todo lo que pudo para Canarias cuando estaba en el Congreso. Lo mismo sucedió con el currante de Adán Martín (ayer justo se cumplieron cinco años de su muerte), con Paulino Rivero (en su época buena, que la tuvo) o el mismísimo Ricardo Melchior, que se trajo para la Isla todas las inversiones que trancó por delante y más. No hay que tener muchas luces para entender que todo lo que sume o acompañe a la brillante, pero solitaria, Ana Oramas será bueno y les ayudará a obtener un mejor resultado. Es obvio que tal decisión acarrearía más trabajo para el presidente Alonso. Y éste debe pensarlo (esas cosas hay hablarlas con la familia). Nadie discute su capacidad de trabajo, sacrificio y lo que, con el conocimiento que tiene de otras administraciones, podría suponer para Tenerife y Canarias. Sería clave para nuestras Islas. Lo dicho, déjense en Coalición de encuestas, preguntas coñazo a la gente y de tanta simplonería, y vayan a lo seguro. ¡Qué como se descuiden no se comen un rosca!

Postdata

Andrés Orozco, el banquero bueno, se va. El director territorial de CaixaBank en Canarias se prejubila y pasa a ocupar su lugar Juan Ramón Fuertes.
De Orozco y de por qué la gente lo llama el banquero bueno escribiré la próxima semana. Mientras tanto: ¡He dicho!

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