La Ciprea

Lapidaciones

06.10.2015 | 10:01

Lapidado por el rumor de haber matado una vaca. La multitud mató a un musulmán en India al rumorearse que había sacrificado una vaca. El herrero Mohammad Ajlaq fue golpeado con piedras hasta la muerte en Dadri, a cincuenta kilómetros de Nueva Delhi". Esta es la noticia. Un recuadro en un periódico solamente. No nos cuentan cómo era el lamento de su hija jurando que no era cierto, que no habían comido la carne de la res. No cuentan cómo fueron golpeados con piedras su padre y su hermano hasta la muerte del primero y con heridas graves el segundo, detalles nimios del sufrimiento de unos seres vivos linchados directamente por una docena de vecinos llenos de odio contra otra creencia o llenos de locura por otra locura derivada de unas creencias que carecen de explicación racional para quienes han descubierto la razón de esos desatinos. Para quienes lapidan, es lo natural.

No deja de ser chocante que dos religiones se enfrenten por culpa de unas creencias que los lleva a considerar unos animales buenos y otros animales malos. El hindú cree en la vaca como un animal sagrado e intocable; el musulmán come cordero pero nunca cerdo cuya sangre es un horror para aquellos que llegan a mancharse con ella pues nunca podrán alcanzar el paraíso si eso sucede, cosa que saben bien los dirigentes chinos que los ponen a trabajar en mataderos de cerdos cuando deciden castigarlos por alguna rebeldía política. En cualquier caso, la vaca, los bueyes y terneros han tenido siempre una alta categoría a nivel religioso. Desde Egipto y su buey Apis a los becerros de oro de los israelitas en el desierto, hasta las vacas en la India, los bienes que aporta esta especie son tan grandes que uno no se extraña de la adoración que se les dispensa. Puede ser una explicación tan seria como la que da Marvin Harris en Cerdos, vacas y brujas para hacernos comprender que más vale vaca viva que vaca muerta.

De ahí la sangrienta decisión al pensar que se habían comido a uno de sus seres más preciados. Pero, claro, de ahí a lapidar a un semejante va un abismo aunque ya nada me extraña al leer cada día en las redes sociales una petición de ayuda para evitar lapidaciones por motivos mucho más "serios" en apariencia. Lapidan a una muchacha porque su hermano es adúltero (a él no lo lapidan, no, lapidan a la hermana para escarmiento del muchacho); lapidan a una mujer porque no llevaba puesto el velo a la hora de salir a la calle; lapidan a una pareja por intentar huir y vivir su relación lejos de todo ese horror; lapidan? ¿Quedarán piedras para todos nosotros?

Elsa López es escritora

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