Tomando el pulso

La Laguna, ¡despierta!

06.10.2015 | 10:01

Son muchos y por consiguiente no sólo unos pocos los que opinan que este municipio emblemático y referente, poseedor del ansiado título de Patrimonio de la Humanidad, ha quitado en sentido metafórico el pie del acelerador. Las cosas han cambiado y están a la vista de todos y si no, echemos un vistazo a las Fiestas en honor del Santísimo Cristo de La Laguna. Festejos a celebrar en la tradicional plaza que lleva su nombre, perdón, al cuarto de plaza que en estos momentos se encuentra libre ya que la mitad la ocupa un mercado, en su día provisional y el día a día dice que va para fijo, situación que celebra el arrendador al cobrar todos los meses religiosamente, exclamando: ¡Que dure! ¡que dure!

Mientras los ciudadanos se preguntan para cuándo la colocación de la primera piedra y así todos los pasos hasta devolver al mercado, conocido también con el nombre de Recova al lugar inicial, el de toda la vida. Un día principal de las fiestas, cuántos serían los voluntarios para actuar en un escenario vacío a vista de todos. ¡Cuánta variedad de puestos había y cuántos hay? Qué tristeza y para muestra un botón, a lo que han dejado llegar la noche de la octava del Cristo, llevas a un niño y no sabes qué explicarle al ver el panorama. En las fiestas del municipio antes se hacían un montón de actividades, ¡ojo, gratis! En la época de Tomás Morales, ejemplo el bocadillo gigante, la gran paella, las veinticuatro horas de grupos folclóricos y muchas cosas más. Vemos un Corpus, que ni poniéndolo un domingo, esto último para los amantes de proponer el cambio de fechas, donde debería ser el recorrido más corto con tal de que dominen las alfombras de flores o tierra pero no el brezo. Llegamos al Baile de Magos, perdón nuevamente, la nueva Cena Típica de Magos porque de baile nada de nada y las mesas colocadas desde el Teatro Leal hacia arriba cuando las fiestas son en honor de San Benito y muchos piensan que deberían ser desde arriba hacia abajo, sobre todos los que pagan por un ventorrillo alrededor de la iglesia, que no entienden la contradicción de darle negocio con el baile, a bares alejados del barrio. Un baile ejemplar, el de Garachico, que como no cumplas los requisitos mínimos, mejor volver para casa. En fin, ¡reflexión!

Bernardo Lozano Acuña es escritor

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