Tribuna abierta

Canarias y la cultura clientelar

02.10.2015 | 02:06

Cuando una sociedad confunde clientelismo con política, el progreso es imposible. Como dice el profesor de la Universidad Pública del Estado de Washington César García, "la principal consecuencia que el clientelismo tiene en la vida de los ciudadanos es que el acceso a determinados recursos es controlado por una serie de patrones, cuya condición viene determinada por tratarse de políticos, detentadores de poder económico o ambas cosas a la vez, que reparten dádivas a sus clientes a cambio de su apoyo". Por lo tanto, para que haya clientelismo tienen que coexistir, al menos, dos elementos esenciales: un individuo con necesidades que cubrir y otro con posibilidades, normalmente económicas y/o políticas, de cubrirlas. Si estos dos ingredientes los aderezamos con el fomento neoliberal del individualismo y el nihilismo, la falta de cultura política y democrática y la predisposición mediática, tenemos la cultura clientelar.

Una persona tiene un problema: se acaba de quedar en paro, no tiene ingresos para cubrir las necesidades mínimas de su familia, habitacionales y alimentarias, está desesperada. Pero de repente, un alma caritativa pone en alerta a las autoridades locales, y una de ellas remueve cielo y tierra para poner solución a la desgracia de esta persona, le encuentra un empleo en la empresa encargada del servicio de limpieza y recogida de residuos de la localidad y, además, le consigue una vivienda de protección oficial a un alquiler muy asequible.

¡Qué bueno!, este buen individuo le acaba de resolver el problema a esta pobre persona, ¿qué hay de malo en todo esto? Esta persona feliz, al igual que su familia, amigos y allegados, se encuentra muy agradecida. Por supuesto esta autoridad local nunca se aprovechará de esta buena obra para un fin espurio, como por ejemplo pedirle el voto (a esa persona, a su familia, amigos y allegados), la caridad existe y hay gente buena que da sin pedir nada a cambio.

Pues sí que hay algo malo: "En las sociedades regidas por una lógica clientelista los niveles de protesta tienden a ser más bien escasos. El individuo acepta las situaciones injustas, tiende a desconfiar del Estado y de las instituciones y a buscar la solución individual renunciando a la lógica, la racionalidad o la aplicación de las leyes", nos dice César García. Como es obvio, el cacique, la autoridad, el empresario, el político que tiene capacidad de dar, de resolver los problemas, es porque tiene capacidad económica y poder político para poder hacerlo. ¿Y qué pasa con aquellos que no disfrutan de esa capacidad? Pues tendrán que esperar hasta que el poder establecido, el statu quo, se quiebre, y mientras tanto, concienciar sobre la necesidad de que lo público, lo que es de todos, no puede ser utilizado para el bien de unos pocos y al libre albedrío de una minoría.

Los problemas en política no se pueden individualizar, se tienen que resolver en pos del bien común. Aunque una persona solucione su problema, siempre habrá otras con problemas iguales o peores. Existen (y si no existen, se debería luchar para que existieran) procedimientos para, con ecuanimidad, resolver cualquier problema que se plantee en la sociedad. Pero donde no existe el Estado, la cosa pública, siempre domina la ley de la selva, la del más fuerte. Los que tienen el poder económico y político se perpetuán, e incluso incrementan su poder mientras profundizan en la marginación del grueso de la sociedad. Eso sí, por desgracia, una parte de esta continuará aceptando la situación de clientelismo como si de algo natural e inamovible se tratara, víctimas de la insultante desigualdad que padecen, al mismo tiempo que el cacique de turno continúa parcheando de forma individualizada problemáticas que son sistémicas y estructurales para su beneficio propio. Para aquellos que por dignidad no se dejan comprar, mi más sentido homenaje. Para aquellos que no tienen otra alternativa, mi más profundo apoyo.

El clientelismo y el caciquismo, las dos caras de la misma moneda, continúan siendo una lacra para el avance de la sociedad canaria. Cuando existe la apariencia de que los problemas se resuelven por el simple hecho de que a fulanito, menganito le encontró un trabajo, no se desatan los procesos necesarios para reclamar más y mejor empleo y más justicia social. Se inhibe cualquier protesta o movimiento subversivo. Y cuando los adictos al latrocinio, por cualquiera que sea la razón, no pueden ofrecer prebendas, se escudan en la subvención europea que no llega, en el olvido en el que Madrid ha sumido a Canarias, y recalcan la importancia de tener una voz canaria en el Parlamento español, porque ellos son los únicos canarios, los únicos canarios que venden, desde épocas inmemoriales, nuestra soberanía y nuestros recursos al mejor postor para llamarlo "facilitar que las empresas inviertan en Canarias y generen empleo".

Obviamente, cuando la política pivota sobre el subvencionismo y el clientelismo, es decir, sobre el capitalismo de colegas, hablar de comunitarismo, de cohesión social, de conciencia de clase, de politización de la política, de asociacionismo, de democratizar la economía, etc., te relega a la periferia del tablero político. Cuando la política se convierte en un mercadeo de favores, siempre ganarán los que tienen el dinero y ostentan el poder. Una batalla perdida por la justicia y la igualdad. No obstante, todavía se puede ganar la guerra a aquellos que quieren continuar alimentando esta cultura clientelar.

Eligio Hernández Bolaños es concejal de Sí se puede en Santa Cruz de Tenerife

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