Retiro lo escrito

Un culo nuevo

01.10.2015 | 02:10

La inmensa mayoría de la gente que conozco se vería incapaz de votar una lista electoral integrada por ecosocialistas yupis, empresarios semiarruinados, exdiputados de día y abogados de noche, sindicalistas liberados hace trienios, dirigentes de un partido cuyas sedes están embargadas por los juzgados, directivas de asociaciones dizque culturales generosamente sufragadas por las administraciones públicas, republicanos laicistas y derechistas católicos, apostólicos y romanos, apoyados como heroica manifestación de unidad patriótica por cantautores, monjas, futbolistas, presidentes de ateneos y círculos de bellas artes, editores de una prensa genuflexa y responsables de canales de televisión públicos, mimos de las ramblas y cuentacorrentistas en paraísos fiscales, y jaleados desde Italia por la Liga Norte y desde el manicomio por Bildu. No, una persona razonable, probablemente, no se limitaría a huir de esta espeluznante turbamulta, sino que le haría frente. Supuestamente semejante variedad política, ideológica y digestiva se ha fraguado en un consenso básico alrededor de un objetivo esencial y prioritario: transformar a toda leche a Cataluña en un Estado independiente. Todos olvidan sus diferencias y se unen excepcionalmente en el esfuerzo común de la liberación nacional. Es emocionante, por lo que veo. No me cabe en la cabeza que para emocionarse muchos consideren imprescindible regresar a la infancia, porque solo en la niñez se puede creer en buenos y malos, caballeros y dragones, princesas y mazmorras, fantasmas y sortilegios, encantamientos y espadas y colorín colorado este procés ha terminado.

No he encontrado en ningún sitio un argumento convincente que demuestre que en una República Catalana sus ciudadanos dispusieran de más y mejores derechos que en la actual Comunidad autonómica. Ni uno solo. Pero todo eso es irrelevante, porque lo que en este asunto no es interés particular o partidista –Artur Mas intentando que no se hunda CDC, Oriol Junqueras persiguiendo la hegemonía de ERC en el nacionalismo catalán, varios miles de paniaguados horrorizados porque se les termine el chollo en el Govern, en las diputaciones o ayuntamientos– es el ensueño de una izquierda narcoléptica que está segura que se pasará de la construcción nacional a la revolución social como vanguardia de las transformaciones que necesita Europa. Que tiemble la troika?

La independencia, así, ya no es propiamente un objetivo político programatizable, sino una forma de pasar el tiempo para evitar romperse la crisma o un método para practicar un simulacro de aspiración revolucionaria. Nadie piensa en los costes en plena fiesta. Anda, no des la vara, que vamos a ser muy felices con nuestra propia guardia civil o nuestros imprescindibles comités de defensa de la revolución. Anda, espabila, que ya salen los luceros y comienza a amanecer. Oh, una nueva nación, un resplandeciente Estado. Debe ser como tener un culo nuevo. Y, por supuesto, incomparable.
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