Luz de luna

La falsa promoción de Tenerife a través de la saga Bourne

30.09.2015 | 02:20

A lo largo de muchas semanas nos hemos tragado todo lo relacionado con la grabación en Tenerife de la quinta película de la saga Bourne, acrecentado más aún estos días con la puesta en escena de la parafernalia de este tipo de superproducciones internacionales en las que se fomenta una falsa imagen surgida en otras ocasiones anteriores en relación a la elección de Canarias con un mismo fin: la afirmación rotunda de que contribuirá a difundir y promocionar sus valores, idiosincrasia y paisajes como reclamo turístico para lograr nuevos potenciales visitantes.

La realidad de todo este engranaje es mucho más simple: las productoras cinematográficas eligen nuestro archipiélago por las ventajas fiscales y los beneficios económicos que se les conceden, ya que filmar aquí sale mucho más barato que en otros lugares de Europa, y esto queda patente en que la producción realizada en el espacio isleño genera un incentivo fiscal de hasta el 38% del presupuesto total de la obra, mientras que en la Península asciende al 18%, teniendo presente que ese incentivo se calcula sobre el coste total de producción de la propia obra, es decir, el gasto realizado en Canarias y también fuera de ellas.

La fuerte capitalización de actuaciones como estas se proyecta muy bien entre la sociedad canaria porque origina una inyección económica temporal en un marco de crisis común, pero cuyos beneficios se distribuyen una vez más de manera desequilibrada entre todos los que intervienen, llevándose gran parte del pastel las cadenas hoteleras, si bien cuenta con el apoyo de la sociedad que necesita tener recursos a cualquier precio.

Por eso, en estas superproducciones, donde lo que prima es la acción y un ritmo rápido de las escenas, los paisajes propios de un determinado lugar se convierten en algo superfluo e imperceptible, careciendo de sentido ese falso marketing publicarlo de carácter turístico y cultural lanzado desde distintas esferas políticas y empresariales insulares. El ejemplo más claro ha sido transformar distintos lugares de Santa Cruz de Tenerife donde se ha filmado esa saga en una improvisada ciudad de Grecia, a la vez que el barrio de La Salud se podría confundir con cualquier otro conflictivo de Madrid o Frankfurt.

Este mismo error ya ha aflorado anteriormente en películas como Furia de titanes y Fast and Furius 6, rodadas en 2009 y 2012, respectivamente. La primera de ellas nos la vendieron como la gran panacea de la promoción turística insular porque Hollywood contribuiría a universalizar el terruño tinerfeño, otra cortina de humo tras la que se escondía esa cuestión fiscal. A la par que se recibía una nueva inyección económica, muy pocos se quejaron del permiso que se le concedió a la productora para rodar en un paraje único como el Parque Nacional de El Teide, el cual luego no salió reflejado como tal en la película porque el trabajo final lo presentaba como un espacio genérico que podría confundirse con otro de características parecidas de cualquier otra parte del mundo. Aún así, no se trataba de una mayor o menos publicidad, sino cuestionar por qué se permitió la alteración de un medio tan frágil y con unas características únicas como aquel, priorizando el dinero antes que la conservación y la defensa natural del ecosistema. Si añadimos que también nos engañaron diciendo que en dicha película se haría lo propio con el monte de Tenerife y que el al final solo figuraba confusamente en una escena de un par de segundos, el resultado es que nos arrodillamos continuamente a favor del dinero.

Hemos llegado a tal punto que lo único que interesa es poner en marcha la maquinaria recaudatoria, tanto que en el próximo Festival de Cine de San Sebastián el Gobierno autónomo -a través de Canarias Cultura en Red-, la Zona Especial Canaria y la Film Commission de Tenerife y la de La Palma promocionarán esas ventajas -al amparo del Régimen Económico y Fiscal de Canarias- para atraerse a nuevas productoras, basadas en ese régimen fiscal específico de este ámbito insular debido a su lejanía respecto al territorio peninsular, vendiéndose la idea de contribuir al desarrollo social y económico de las Islas. Este es el camino que nos imponen nuestros políticos, que siguen sin aprender que el desarrollo social no se justifica con el del capital y que promocionar las Islas como escenario cinematográfico va mucho más allá de americanizarnos.

Francisco Javier León Álvarez es licenciado en Geografía e Historia

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