Tribuna abierta

El chollo del Estado y la fiscalidad del automóvil

27.09.2015 | 03:09

El Estado ha descubierto desde hace muchas décadas pero especialmente después de la Segunda Guerra mundial, el "chollo" fiscal del automóvil, de la automoción y en general de las gasolinas y carburantes. Aún recuerdo, yo de niño, las antiguas guaguas y camiones de ruedas macizas de goma que partían desde el inicio del actual muelle del Dique Sur, recogiendo mercancías de todo tipo y una estación de gasolina a la salida del mismo, creo que de la marca Plume, compitiendo con otra en precios y calidad de pureza.

A partir de la proliferación del automóvil, en los países occidentales y por supuesto Estados Unidos y Canadá, el primer productor en serie del mundo fue Henry Ford, con su célebre Ford T, que vendió a millares por mes de producción casi automática para la época y que inmortalizó el genial cómico Charlot con su célebre película Tiempos modernos. Pero pronto para el Estado y sobre todo el español, era un negocio opíparo y una fuente de ingresos fiscales que hoy se acercan al 15%, en unión de la imposición sobre el tabaco, de las aportaciones a la Hacienda pública.

Se ha creado un enjambre de impuestos, entre otros el de circulación (que se justificaba por el mantenimiento de las carreteras, que hay que decir que están hechas una birria, especialmente en Tenerife, donde hay baches que pueden durar meses y ¡años!), el impuesto de matriculación, impuesto de lujo, como si la adquisición de un vehículo fuese un lujo hoy día y no una herramienta de trabajo, la Inspección Técnica de Vehículos periódica, el impuesto de transmisiones y un largo etcétera de mantenimiento y repuestos.

Pero lo que es más grave es la tremenda imposición que recae sobre las gasolinas y gasóleos de diversos tipos de octanaje en que la imposición puede llegar aproximadamente al 70% o más del coste del petróleo básico y de su refino, puesto que cuando baja el barril Brent, que es el de referencia en Europa, incluso sensiblemente como ahora que llegó a cuarenta dólares la unidad, sin embargo la gasolina no baja proporcionalmente sino unos escasos céntimos, y viceversa, cuando sube el Brent el precio de la gasolina se dispara. Y digo yo, ¿por qué no hay un control del Estado para la equiparación de todos los precios como existían antes o al menos que se apliquen todos los porcentajes de subida y bajada de la materia prima al precio final a los consumidores que hoy se cuentan por millones? Y en Canarias más que tiene el mayor número de coches por habitante, en Tenerife se calcula 1´5, puesto que muchas familias tienen dos y hasta tres vehículos y en toda España unos cuarenta millones de vehículos automóviles, aparte de los autocamiones, autocares, gandolas, grúas, tractores, motocicletas y demás vehículos de tracción mecánica y de combustión interna.

El Estado pues, ha descubierto una mina de oro como también lo descubrió mucho antes con el tabaco, pese a su poder de destrucción, y sobre todo su distribución y que es una droga que según los estudios médicos más avanzados produce el mayor índice de enfermedades graves tanto de insuficiencias cardíacas, ictus, cardiovasculares, cáncer de pulmón, garganta, laringe, estómago, hígado, etc., calculándose por término medio que de cada tres personas que mueren, una es debido al tabaco, esa droga letal y "legal" según nuestra legislación a partir de los dieciocho años, pero que se incumple notoriamente y de ahí vienen las muertes súbitas, incluso en gente joven, pero la Administración tributaria no renuncia a la prohibición y sobre todo al control de los elementos de las grandes multinacionales norteamericanas (que mandan sobre los propios gobiernos) que introducen los cigarrillos, que se calculan tienen más de cien sustancias tóxicas, aparte la nicotina, que produce la adicción del fumador o fumadora tan fuerte que los grandes fumadores prefieren morir fumando? antes que dejar el tabaco, adicción más fuerte incluso que la de las drogas duras e ilegales.

Pues bien, el impuesto de tabaco es un gran capítulo de ingresos fiscales para la Hacienda pública cada vez más agigantada, especialmente en nuestro país en que se ha fijado como una imposición expansiva y abusiva incrementándose todos los impuestos por mor de la crisis y creando otros nuevos coetáneamente, tanto los directos como los indirectos (Iva), Donaciones y Sucesiones y Patrimoniales y un sinnúmero de tasas y exacciones estatales, autonómicas, municipales y locales, haciendo sufrir al pequeño y mediano ciudadano o empresario hasta la extenuación, si bien desde fines del año pasado y lo que va del actual se ha morigerado la imposición al salir parcialmente de la crisis, pero aún no totalmente, de la recesión.

Ramón González de Mesa es abogado

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