Tomando el pulso

Francamente...

22.09.2015 | 01:10

Si leemos el título, vemos cómo claramente nos referimos a un adverbio, de esos que terminan en mente y por lo tanto, de modo. Como nombre trae recuerdos y dependiendo de la persona, buenos o malos pero la historia desgraciadamente no se puede borrar, aunque uno quiera. Los monumentos están porque en un momento determinado se creyó oportuno y si hoy se prescinde de ellos por diversos motivos, la historia de treinta y nueve años quedará escrita e imborrable.

Dicho esto y cambiando de tercio como en los toros, también foco de críticas de algún sector de la sociedad, en la vida hay que ser franco y hablar con franqueza para así poder trazar un modelo de conducta en la vida. Podemos encontrar un guachinche de nombre Franco donde se come del diez, como dice hoy la juventud y con calidad precio insuperable así como rapidez en el servicio, ¿qué más puede uno pedir? Cuando uno esta de acuerdo con una comida o una situación no duda en exclamar: "Esto está francamente bueno". Nos ponemos a ver una película de policías en la caja tonta y tarde o temprano, para bien o para mal, aparece un francotirador, al margen de la ley o cumpliendo la misma, dependiendo del caso. Nos vamos a hacer un seguro y enseguida nos están hablando de la franquicia, que muchos no saben lo que es, pero se la tragan y lo más importante la firman y aceptan. Hace años, en la Primera División del fútbol español, había un árbitro, todo un profesional experimentado, que tuvo el honor de pitar una Final de Copa y para muchos se tenía que armar por llamarse Franco Martínez, partido con todo un muestrario de antifútbol y patadas, todo un ejemplo a no seguir y a día de hoy, en nuestra hemeroteca. Nos vamos al servicio militar y vemos como la experiencia dice que no se puede dejar ningún cabo suelto porque después puede que se convierta en general y dependiendo de la persona pasa lo que pasa. Llega el momento de visitar la ciudad de la luz, París, y claro, antes del llamado Mercado Común, hoy Comunidad Europea, nos teníamos que enfrentar a una moneda, el Franco Francés, necesario hasta para utilizar los baños en la visita obligada al Palacio de Versalles y sus jardines. En fin, una palabra o un nombre son eso y nada más.

Bernardo Lozano Acuña es escritor

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