La Ciprea

El día 10 de cada mes

15.09.2015 | 02:12

El día 10 de cada mes, los amigos, familiares y vecinos de Laura González Lorenzo se reúnen en el atrio del Ayuntamiento de Santa Cruz de La Palma. Su ciudad. A las 18 horas. En memoria de Laura, dice la convocatoria. Se reúnen para recordarla, para recordar lo sucedido, para no olvidarlo nunca. Yo voy y acompaño a la abuela, a los padres y a toda la familia y acompaño con mi voz y mi presencia a las Lauras del mundo. Cuando alguien me pregunta que por qué lo hago, que ya no tiene sentido, que a nadie le importa ya el asunto, que eso es agua pasada y que hay que olvidar, yo les digo que sí, que lo sé, que yo sé que el dolor cansa y cansa mucho al que lo sufre y al que ve sufrir y, sobre todo, al que lo presencia, que no hay nada más agotador que ver a alguien dolerse. Que el sufrimiento ajeno nos conmueve, nos desborda, nos irrita, y nos lleva a la conclusión de que lo aguantamos muy poco.

Vemos las imágenes de un accidente, de un naufragio, de una desoladora marcha de seres humanos hacia lo imposible como la que estos días estamos viviendo, y sentimos el sufrimiento ajeno como algo propio. A la semana, damos la espalda a la noticia, descolgamos la foto del horror de nuestro panel particular y pasamos a nuevas noticias, a nuevas muertes y, al mes, lo hemos olvidado, la hemos aparcado en la cámara oculta de nuestro cerebro. Selectivamente hemos guardado el dolor y la herida en un lugar al que ya nunca volveremos. Si acaso, alguna vez, rara vez y por azar, nos vuelve la fotografía de aquel niño tendido en la arena de un desierto con un buitre detrás a la espera del festín; o la del cuerpo de un niño muerto sobre la arena de una playa, acurrucado en posición fetal, como si la inmensa playa fuera su propia cuna.

Por eso vuelvo al atrio de ese pequeño ayuntamiento de mi isla el día 10 de cada mes. No me importa que piensen que es un acto morboso o que nos negamos a perdonar; que los demás también sufren y no le enseñan el dolor a nadie; etc. No importa. No nos importa. Allí estamos solos o acompañados. Muchos o pocos. Quizá nadie un día. Pero yo estaré allí esperando el milagro de una noticia que nos indique que algo ha cambiado; que comienza a hacerse la justicia necesaria y podemos volver a nuestras casas sabiendo que nuestras hijas han aparecido y que se ha detenido a quienes nos las robaron, violaron y asesinaron un día 10 cualquiera de nuestras vidas.

Elsa López es escritora

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