De aquí y de allá

El aprendizaje de un idioma

10.09.2015 | 02:00

E n cierta ocasión Enrique IV le preguntó a Montaigne cuál era el mejor vino de Francia. El filósofo respondió que el Burdeos era el rey de los vinos y el Borgoña, un vino de reyes, saliendo bien librado del lance. Si le hubiera inquirido por los idiomas, seguramente Montaigne hubiera expuesto que el italiano o el castellano era el rey y el francés, un idioma de reyes.

Yo opinaba esto último en mi adolescencia cuando escuchaba la única emisora extranjera que captaba desde Menorca, mi tierra. Radio Montecarlo emitía en lengua francesa e italiana. La sintonizaba en busca de deleitarme con la música de ambos países. Y me aficioné, no sólo a sus canciones, sino también a los idiomas. Más adelante asimilé otras lenguas, más comerciales, que mediaron para la consecución de las variadas profesiones que ejercí. Sin labia extranjera hubiera andado por itinerarios bien distintos a los que seguí. No hubiera aterrizado por ejemplo en Canarias, 43 años atrás, en los inicios del turismo, como representante de Viajes Barceló en Lanzarote.

Sale todo esto a colación porque hoy me ha dado por traspasar mi experiencia en el aprendizaje de un idioma a los interesados que carezcan de tiempo libre para asistir a clase o quieran probar fortuna con mi propuesta. Y es que, además, a veces, los estudios en la Academia no producen los progresos deseados. El desliz no es, desde luego, del profesor ni del método, sino del alumno. Suele ausentarse éste uno de los tres días semanales programados, no hinca los codos, no practica ni estudia lo necesario y, claro está, el fruto no aparece en años por el árbol de la vida.

No es imperioso tener nociones del idioma –sea el que sea– con el método que propongo. Sólo se requiere una base cultural, aderezada con una suerte de viveza, o de voluntad si se carece de ella, y sobre todo currárselo, que, aquí, en la Tierra, no existen los regalos. Se trata del método de la editorial Assimil (El inglés o el alemán u otro idioma sin esfuerzo). Ochenta y cinco años de antigüedad y treinta millones de ejemplares vendidos lo avalan. Es por consiguiente un clásico del género. Con este procedimiento aprendí el último de los idiomas que hablo. Me sorprendió, es altamente efectivo. Un método dinámico, inteligente, confeccionado por una cabeza bien dotada.

Las 154 lecciones están elaboradas con un vocabulario de mil palabras básicas, que se van repitiendo, por lo que no es necesario memorizarlas. La manera adecuada de afrontarlo se centra en estudiar media hora cada día, siete días a la semana. Y si un día surge un contratiempo, pues... quince minutos. Si ustedes persisten, al cabo de seis meses chapurrearán el idioma elegido... que en los tiempos que corren es incluso preferible a unos estudios en La Laguna. Mi hija, por ejemplo, tiene un trabajo por saber el idioma inglés, no por su título universitario.

Contempla el método gráficos satíricos que lo amenizan, análogos a éste:

En la selva, un león encuentra a una zorra.

-How are you?- le pregunta.

-I´m sorry- responde la zorra.

¿Lo pillan?

florenciohdez@hotmail.com

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