Tribuna abierta

El saxo tenor

03.09.2015 | 02:20

Lo encontré poco a poco, una noche de cervezas en el bar de siempre: un pub inglés donde a veces imagino que Camus pone su vaso junto al mío. Lo conocí a través de una mujer italiana, de ojos azules y grandísimos, que tuvo su momento en Londres a mitad de los ochenta, donde vivió una década asombrada por otros ojos: los de David Gilmour, el vocalista de Pink Floyd. Él se llama Jose y nació en La Coruña un año cualquiera del siglo pasado. "En Galicia la gente queda diferenciada por el mar: si es de interior o se dedica a la pesca". Fue esa mujer imposible a la que él ama quien nos presentó diciéndome "Jose es saxofonista y toca muy bien". Tuve suerte entonces porque le dije que me gustaba el jazz y me acordé de Coltrane. Le hablé de A Love Supreme y una sonrisa cómplice iluminó su rostro setentero y rojizo.

Me gusta oírlo hablando del saxo tenor. De nadie he escuchado tanto sobre los siete minutos del Psalm, de Lester Young o Coleman Hawkins. Quienes lo conocen desde hace tiempo en realidad lo ignoran, no lo escuchan porque dicen que está obsesionado con el jazz y se repite. Creo que soy el único que de veras le presta atención mientras le digo que no puedo dormir. Por ese insomnio me autoengaño bajando al bar a tomar una cerveza, y miro el cielo nocturno diciéndome que debo bajar la basura. En realidad es una ganancia provechosa: me deshago de los restos orgánicos del día y luego me encuentro con Jose, que se empeña en invitarme a una caña y dice "el jazz es matemáticas" mientras dibuja con el dedo en la pared líneas y acordes, notas posibles e imposibles, que dividen genialidad y error. "La improvisación dentro de un orden. Llegas a practicar tanto que interiorizas la música, luego sale sola. No la fuerzas ni la puedes evitar".

Sabe arreglar su propio saxo. "Lo aprendí de niño en un taller que había en Coruña. Me fijaba en cómo el dueño desmontaba la boquilla, las cañas, las tapas y las veintitrés llaves. Es un trabajo que exige mucha precisión. Estuve cuatro días arreglando el último que me dejaron: desde el amanecer hasta las tres de la mañana". Este es Jose, el saxofonista del barrio, lo quiero casi tanto como a una mujer perdida.

Iván Cabrera Cartaya es filólogo, poeta y crítico literario

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