Tribuna abierta

El Padre Adán, en el recuerdo

02.09.2015 | 03:44

H ace algunos días falleció en la Residencia de Sacerdotes del Obispado el reverendo Padre Adán, como todos le conocíamos en su prolongada vida.

Yo lo visitaba con alguna frecuencia después de su internado por discapacidad de movimiento de su pierna izquierda hasta el punto de que tuvieron que amputársela, circunstancia tan triste y dolorosa que pese a su fe y su espíritu de valentía personal no pudo superar.

En mis numerosas visitas y estando mentalmente en perfectas condiciones, siempre me daba sus sabios consejos, me leía trozos autografiados comentando la vida o el ejemplo del Santo o Mártir de cada día con una letra perfectamente legible y de amplio trazado, y después de hablar un poco de lo divino y de lo humano (aunque más de lo primero ya que dominaba la teología) me confesaba a instancia mía y después de darme la absolución me daba tres golpecitos en la frente, como lo hizo toda su vida al Comandante Lorenzo, más conocido como "Lorencito Bruno".

Aparte de ser el oficiante que me casó en la Parroquia de Santo domingo, también casó muy posteriormente a su gran amigo Lorenzo, aproximadamente a una edad que superaba los sesenta años y siempre comentaba éste: "y me precipité" y así tenía la fama que los matrimonios que celebraba eran indisolubles hasta la muerte como reza la célebre epístola de San Pablo a los Corintios.

El Padre Adán era una personalidad ilustre de gran potencia expansiva hacia los amigos y especialmente hacia los más desheredados de la fortuna. Fue además ahijado de la primera misa que apadrinaron mis padres en su día celebrándose la consagración con un año de retraso una vez terminados sus estudios pues su presencia física y sus grandes ojos que escrutaban y parecían traspasar la consciencia de los demás llamaban la atención de las mujeres que acudían a verlo procesionar cuando salía el cortejo del antiguo Seminario Diocesano de Santo Domingo a la Catedral de La Laguna y algunas no se contenían admirándole físicamente y lanzándole piropos como "guapo" y otros por el estilo, que motivó que D. Domingo Pérez Cáceres, nuestro recordado y gran obispo güimarero, el obispo del pueblo, tuviera a bien retrasar su consagración durante ese tiempo "no sea que no se "aguarezca", como dijo.

Y así fue un cura ejemplar y gozoso que estudió música profundamente dedicándose al canto coral en la propia Iglesia Catedral como "Maestro de Capilla" creando además varios coros particulares como la célebre Agrupación Coral Palestrina, del que fue director durante varios años, y otros grupos musicales. También se hizo célebre su renombrada Misa de 1 de la Catedral que atraía, sólo por oír su voz de baritono, sus homilías y su entonación de algunos cantos litúrgicos, a numerosos fieles que llenaban la Capilla de Los Remedios.

Era muy dado, desde el punto de vista humano, a sus amigos más íntimos, presidiendo uno o más grupos, entre los que me encontraba, saliendo a almorzar en numerosos guachinches del Norte y Nordeste de Tenerife, y del Sur, siendo proverbial su popularidad entre los dueños y camareros que se apresuraban a servirle, especialmente pescado, hortalizas, y siempre una manzana, prescindiendo del pan por la diabetes que padecía, todo regado con buen vino pues cuando bendecía la mesa en la forma habitual: "Bendice Señor estos alimentos?", yo solía añadir: "y también la bebida que vamos a tomar", que aceptaba de buena gana pues al fin y al cabo desde la época clásica romana se decía que "el buen vino alegra el corazón del hombre" (bonum vinum laetificat cor hominis, o el más popular Letitia corde). También era célebre su frase de deseo de salud a los comensales en general que teníamos el honor de compartir con él mesa y mantel, la frase latina salutem plurimam (muchísima salud), que seguimos recordando cuando nos reuníamos ya alguna vez sin su presencia.

Una calle céntrica de La Laguna, junto a la Residencia veraniega de la Casa de los Capitanes de la Plaza del Cristo, lleva su nombre, habiendo sido el que habla quien redactó la presentación del acto oficial, siendo la alcaldesa la ilustre Ana María Oramas. Y también tuve el honor de ser invitado para el acto homenaje de la conmemoración de sus bodas de oro sacerdotales en el céntrico Pabellón municipal de San Benito en que actuaron varios grupos musicales, entre ellos Los Sabandeños, presidido por Elfidio Alonso, quien también pronunció unas palabras encomiásticas pues fue discípulo coral y gran amigo.

Por cierto que en esa ocasión nos cegaba un proyector de luz muy potente que impedía totalmente la visión del público multitudinario que casi llenaba el Pabellón y que al propio Padre Adán le fue muy difícil leer su discurso de cierre del acto pues no veía el auditorio.

La manifestación de duelo del día del entierro fue apoteósico llenándose la Catedral de compañeros canónigos, presbíteros, diáconos y público en general, presidido por el Obispo actual D. Bernardo Álvarez, que en sus cálidas palabras resumió la vida y obras del Padre Adán, incluso algunos comentaron que podría iniciarse un proceso de canonización por sus excelsas virtudes cristianas y la llevanza de su enfermedad que ofreció al Ser Supremo.

Al salir el féretro a la Plaza de la Catedral por la puerta principal, el pueblo allí congregado irrumpió en aplausos que trascendían al interior de la Iglesia.

Hoy dormirá el sueño de los justos y quizás esté pendiente La Laguna de un homenaje póstumo con la colocación de un busto en una plaza céntrica de Aguere. Descanse en la Paz del Señor para siempre el Reverendo Padre Adán.

Ramón González de Mesa
Abogado

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