Aquí una opinión

Romper una lanza por el Toro de La Vega

25.08.2015 | 02:00

A unque los acontecimientos diarios nos obliguen a pasar continuamente del asombro a la perplejidad, de vez en cuando una lucecita cerebral nos avisa de que lo que ocurre en un determinado momento, no tiene visos de "normal" por mucho que el caos envolvente quiera admitirlo.

En la foto publicada con motivo de una cornada infligida a un participante en esos encierros que proliferan en el estío peninsular, se distingue un grupo de niños contemplando el momento en el que la vaquilla empitona al sujeto. Están apostados al otro lado de las vallas y miran fijamente el espectáculo, alguno con expresión que tanto puede ser de susto como de risa, ese primer momento en que un accidente aún no ha tomado forma real.

El suceso ha sido primera página por la cantidad de muertos en ese tipo de eventos "culturales" que proliferan en nuestro taurino país y que hace que los responsables municipales se aprieten los machos hasta el aplanamiento ideando medidas de control para que estos festejos no terminen en denuncias, incluso, por parte de aquellos accidentados que han participado en ellos con chanclas, bermudas y suficiente alcohol en el cuerpo como para abastecer a la batalla del vino de Haro.

Se falsea la realidad con comentarios que ridiculizan el raciocinio: que correr delante de un animal desorientado y asustado por el medio hostil y los ruidosos preliminares puede ser tan peligroso como bañarse en el mar sin saber nadar bien y que si se prohíbe una, se debería prohibir la otra€ Que los animales han nacido para "eso", o sea para que, desorientados y asustados, sean golpeados, encajados, quemados€ por una turba cobarde, quizás aleccionada porque el Ministerio de Cultura subvencione con fondos públicos una actividad cruel y sucia llamada Fiesta Nacional, a la que, sin sonrojarse, cataloga como "arte".

Demasiado incontrolado fragor popular al que los alcaldes temen poner coto por aquello de los votos y de lo que por aquí no nos faltan ejemplos porque nadie me podrá convencer de que meter a empujones a cabras en el mar o jalar con fuerza de las narices de un buey cargado hasta la extenuación bien de pesados pedruscos, cuantos más kilos mejor, o de carretas repletas de otra clase de carga ataviada con trajes típicos, por carreteras con temperaturas de averno, sean tradiciones excelsas que enseñar a los niños... Quizás creemos, sumidos en la cortedad de ideas, que ello nos ayudará a alcanzar un mejor puesto en el informe Pisa.

Dentro de unos días, si el sentido común y la decencia no lo impiden, tendrá lugar otra celebración característica de la brutalidad rural: el Toro de La Vega. Desde su ayuntamiento lagrimean porque algunos artistas no actuarán durante las fiestas por "coacciones de los antitaurinos" (es lo que le capté en televisión a un individuo cuya dicción era tan confusa que lo hubiese entendido mejor contado por el toro). "Pues a fastidiarse, bonito", pensé "que quien siembra vientos, recoge tempestades€"

(Pacma recoge firmas en su página web para tratar de evitar la tortura de este amigo de 4 patas. ¡Participa y rompe una lanza por el Toro de la Vega!)

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