Tribuna abierta

Un mar de fueguitos

13.08.2015 | 02:00

A ún conservo el pequeño libro Mujeres, una selección de textos, en un formato mínimo, del escritor uruguayo Eduardo Galeano editado por Alianza en una colección llamada Alianza Cien. ¿Por qué cien? Porque el tomito costaba cien de las antiguas pesetas: lo que "equivale" hoy a sesenta céntimos. El libro se publicó en 1995, así que tenía yo catorce o quince años cuando lo compré. En su interior, textos breves, microrrelatos, recreaciones muy personales hechas entre la historia, la crítica cívica y la ficción. Galeano moría el pasado mes de abril injustamente reducido, por el desinterés y las prisas de los medios, a ser el autor de un solo libro, un libro muy célebre en su momento y aún entre los lectores de mi generación: Las venas abiertas de América Latina (1971).

No hablaré de los apriorismos apresurados y las parcialidades de Las venas abiertas..., porque otros, incluido su autor, ya lo han hecho antes para señalar sus complacencias y su maniqueísmo. Quizá quien entra de lleno en la Macrohistoria, quien se decide o se ve abocado a participar en ella, para intervenirla queriendo darle un rumbo, sea bajo la ideología que sea, difícilmente sale ileso de la operación y sin alguna mancha. Y si es cierto que los malos son intensamente malos si pensamos en la oligarquía armada sudamericana, los buenos nunca lo son del todo o no pueden serlo siempre. Particularmente prefiero al Galeano fabulista que al político, quien confundía las bondades de Salvador Allende, un presidente íntegro y honrado sacado por USA del gobierno de Chile a través del escudo de Pinochet, con Bolívar y Fidel Castro, dos tipejos agrandados, ambiciosos, sin escrúpulos y de deplorables costumbres morales.

En Mujeres encontré textos esperanzados, tiernos en su dureza, sobre los que me gusta volver. Entre ellos recuerdo especialmente los que dedica a dos mujeres americanas: Sor Juana Inés de la Cruz y Delmira Agustini. Sobre Delmira escribe: "En el Uruguay marchan las leyes por delante de la gente, que todavía separa el alma del cuerpo como si fueran la Bella y la Bestia (€) ¿No le harán un lugarcito en las noches del mundo para que cante su boca desatada y dancen sus pies resplandecientes?". En cualquier caso ese "lugarcito" será un espacio entrañable, con todo lo que de intimidad y entraña, de tripa, quede en el adjetivo, como el que ojalá tenga ya Galeano.

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