Tomando el pulso

Urgencias

11.08.2015 | 02:20

Ojalá nadie tenga que vivir esta experiencia, sinónimo de gozar de buena salud y no sufrir accidentes. De lo contrario el paciente y su alrededor van a vivir una experiencia digna de estudio. De entrada un dato curioso y es que los fines de semana, según estadísticas, la afluencia a este servicio se ve reducida. Llegas al centro, sueltas al paciente, si no hay cola de coches esperando, acudes al mostrador con los datos del mismo y señalando la dolencia, motivo del ingreso. Hasta este punto, todo es rápido y te enfrentas a una sala de espera llena de gente y con aroma a convivencia donde todos se cuentan el motivo de estar allí sin conocerte de nada. Para muchos es una oportunidad de desahogo ante la situación que están viviendo. Te sientas y esperas a que una de las coordinadoras enfundadas en una chaqueta verde te llame para que hables con el médico de turno y conozcas la evolución del enfermo. Eso sí, cuentas con una máquina de refrescos y agua para hacer más llevadera la espera.

A día de hoy, el silencio impera ya que existe un despliegue impresionante de teléfonos móviles que con la aplicación del "watsap", hacen las delicias de más de uno. Uno desde fuera comunicándose con el enfermo, que está dentro y dice que en las horas que han pasado, no lo han tocado y por no darle, ni agua sino toallitas húmedas. Entras, sales, soportando corrientes de aire que te facilitan todas las papeletas para ingresar sobre la marcha por una bronquitis. Es muy importante esperar en los sitios señalados y recomendados, ya que de lo contrario te pasa una ambulancia a toda pastilla al milímetro del pretil en donde te encuentras, por cierto, mal colocado y eso que te lo advirtieron. Si es de día y es un día soleado, buscas sombra donde sea y te preguntas: ¿Por qué no pondrán un toldito para protegernos del sol? Hay que ver el lado positivo, sales con un moreno envidiable que amortigua la calentura por el tiempo que llevas allí sin saber nada del enfermo. Las seis horas de espera, no te las quita nadie, el de dentro esperando por un simple calmante exclama: ¡Esto es tercermundista! Y el de fuera reflexiona en tres palabras: "No, hay, derecho". Conclusión: hace falta más personal, que ayude a los profesionales actuales, agilizando así el servicio.

Bernardo  Lozano Acuña
Escritor

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