La Ciprea

Hiroshima, mon amour

11.08.2015 | 02:20

El 6 de agosto de 1945, al final de la Segunda Guerra Mundial, Hiroshima fue escenario del primer bombardeo atómico de la historia ordenado por Harry S. Truman, presidente de los Estados Unidos. El objetivo era la rendición incondicional de Japón. Y el objetivo, ese día, fueron 140.000 japoneses muertos, casi todos civiles, y 360.000 heridos. Fue nuestra historia. El arranque de nuestra historia política. El arranque de una lucha contra imperios, emperadores y demás guarniciones de aquellos que pretendían gobernar el mundo. Fue el comienzo de una gran rebelión. América era nuestra enemiga. La gran enemiga del hombre. Luchábamos contra ella desde distintos frentes y de distintas maneras. Cuando estalló la bomba sobre la capital de la prefectura de Hiroshima, en la región de Chugoku, al oeste de Japón, no existían muchos de los que andábamos en aquellas batallas. Algunos teníamos solo dos o tres años cuando la arrojaron. Nadie nos contó nunca la verdadera historia de aquellas muertes, de aquel dolor, de aquella masacre. Nadie nos la quiso contar bien. Años después aún se procuraba silenciar la tragedia y nadie se atrevía a exponer documentales donde aparecieran las secuelas de tal genocidio.
Pero nosotros oíamos detrás de las puertas, leíamos a escondidas debajo de las camas y recibíamos información sobre los bombardeos sobre Hiroshima y Nagasaki en los que aparecían fotos de niños que huían espantados y una imagen de la bomba formando una seta gigante que no podía medir los aullidos ni el dolor ni las quemaduras. Fotos, reportajes y películas comenzaron a aparecer años más tarde. Los que habíamos cantado las canciones y recitado los poemas de la ira y la venganza; los que habíamos levantado banderas contra el imperio, nos sentimos extraños porque hasta hacía poco tiempo insultar a Estados Unidos y sus políticas de destrucción masiva era como insultar a tu madre.

Y un día de 1959, en uno de esos cines raros donde uno se refugiaba los lunes para ver películas en versión original, proyectaron Hiroshima, mon amour, película franco-japonesa dirigida por Alain Resnais y protagonizada por Emmanuelle Riva, Eiji Okada y Bernard Fresson. El guión de Marguerite Duras cuenta la historia de una joven francesa que pasa la noche con un japonés en Hiroshima a donde ha sido enviada para filmar una película sobre la paz. La película es un documento sobre la memoria y el olvido. Nada más. Pero hoy la he recordado con toda la ternura que uno guarda para sus años de guerrillera de asfalto. Y la he recordado al darme cuenta de la fragilidad de la memoria humana cuando de inmortalizar vilezas se trata. Y no deberíamos olvidar. No. Nunca hay que olvidar lo que podríamos volver a ser.

Elsa López
Escritora

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