Letras desveladas

El cementerio de animales

01.08.2015 | 02:45

Hay días como hoy en los que pienso en cosas que desearía no pensar. Días en los que pienso que un hombre que se dedica a hacer que las sonrisas americanas brillen, como decía aquella película: "Esos dientes solo los pueden fabricar en América", paga una suma con la que yo podría vivir veinte años para sentir el ¿placer? de matar a un león. Imagino, por desgracia, su cara de satisfacción y no logro entender de ninguna manera cómo alguien puede disfrutar de ese macabro espectáculo y participar, protagonizarlo incluso, sin pensar en la familia que deja detrás, en el duelo, en los sentimientos de esos animales. No deseo que nadie lo cace a él como apuntan algunos, ni que nadie le haga daño a nadie, solo me remonto a lo que hoy ha compartido Raquel Martín en mi muro. La profunda sensación de paz, de belleza y de cariño que recorre el laberíntico y escondido Cementerio de Animales de mi barrio. Allí todos los animales tienen un nombre: Kaiser, Tobby, Nivea, Bunny o Lola, entre tantos otros, fueron y son queridos por personas que se acompañaron durante sus vidas, con la desgracia, casi siempre, de pensar que compañero animal va a morir antes que tú, con la triste certeza de que envejece ante tu mirada. Aquí, en este recodo del mundo, Héctor y Dani, dos niños de nueve y siete años han recorrido ese jardín de tumbas llenas de cariño, donde lo único que uno puede sacar en conclusión es que por lo menos a mi alrededor, las personas aman a los animales, los respetan, los quieren de la misma manera que a sus humanos queridos. Al lado de una de las tumbas hay una placa con una inscripción en alemán junto a una figura funeraria egipcia que Raquel ha logrado traducir gracias a unas amigas. Dice así: "¡Amor y Sol! Conocidos con sombras que te acompañan, una parte de mí, tú estás ahí... Y ya no te puedo acariciar. Mi corazón florece y sé que ahora en mejores manos estás. Perdóname. Siempre te extrañaré mucho". Mi padre, Rami, descubrió el cementerio hace años curioseando una madrugada de desvelo, como es habitual en él, y desde ese momento se ha convertido en un símbolo para nosotros. Por favor, si algún día me entierran, háganlo allí, no me importa estar entre animales o personas, solo quiero estar cerca de seres amados por otros, lejos de sonrisas brillantes y prefabricadas.

Alba Sabina Pérez
Escritora

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