Tribuna abierta

La trascendencia del voto y la nueva ley electoral

26.07.2015 | 02:20

Hemos visto cómo recientemente en las últimas elecciones municipales y autonómicas, el partido ganador en casi todas las autonomías, incluso en capitales de provincia, empezando por Madrid, no ha logrado gobernar. Por la política de pactos, contradiciendo además el líder del Partido Socialista, Sánchez, declaraciones inmediatas anteriores, como que jamás pactaría con Bildu, el partido de la ETA, equiparándolo al Partido Popular, ni con partidos populistas ácratas y anarquistas e inconstitucionalistas como las denominadas "marcas blancas", que bajo las diversas fórmulas estaba representando el nuevo partido, aún sin escaños en el Parlamento Nacional, que preside el mediocre político que ya pertenece a su "casta", el nuevo Pablo Iglesias y su cohorte, vemos con grave desazón para nuestro país, que en virtud de tales pactos antinatura por el hecho de tocar poder? sueldos y demás beneficios ligados al cargo, se ha dado una vuelta a la tortilla y una verdadera inversión del voto popular que por sentido común debe mandatar el partido más votado.

Pero la Ley actual electoral así lo permite y vemos cómo nuestra geografía peninsular y balear se tiñe no ya de rojo, presidido por el Partido Social Demócrata y alternativa del poder, el centenario PSOE, sino de un rojo intensísimo revolucionario, bolchevique y anárquico que pretende nada menos que destruir la Nación española, una de las principales de la Europa continental, su Historia y Tradición y Riqueza cultural en todos los sentidos del término, promoviendo no ya los desórdenes públicos sino la desobediencia civil activa contra leyes que no les gustan, y por supuesto la propia Constitución que pretenden derogar por la vía fáctica, es decir una especie de consenso popular sin seguir las normas establecidas en la propia Constitución, en la que se amparan para lo que les conviene sobre derechos y libertades públicas, excediéndose en las mismas hasta límites insospechados y aprobando incluso, lo que es gravísimo, la secesión o fractura de nuestra Nación, única e indivisible, con el apoyo a los secesionistas de Cataluña, y de Barcelona en particular, el País Vasco, incluso Galicia, con las llamadas "mareas".

El otro día un antiguo amigo, versado en estas lídes políticas desde hace muchos años, me decía simplemente por qué este nuevo Iglesias, predicador y redentorista, no se enfrentaba en un debate abierto y sin límite de tiempo y de preguntas, con un teórico político, intelectual de reconocido prestigio y formación filosófica e historiográfica y apartidista sin integración en ningún partido político, ni antiguo ni actual. Su cobardía ante la negativa es evidente y así lo ha demostrado reiteradas veces negándose a contestar preguntas incómodas o exigiendo el interrogatorio previo.

Por eso vemos con satisfacción cómo en el último Pleno del Congreso de los Diputados se acaba de aprobar una nueva Ley, ya demandada desde hace varios años y que estaba incluso en los programas electorales, del Partido Socialista, el nombramiento de Alcaldes de Ayuntamientos y Presidente de Gobierno Central y autonómicos, si no se consigue mayoría absoluta que podría cualificarse en dos o tres puntos de plus, como en Inglaterra entre otros países de reconocida y ancestral democracia, y se hiciese una segunda vuelta a las dos semanas siguientes entre el primer y segundo partido más votado, como ocurre en casi todas las democracias occidentales, dando la palabra al pueblo soberano y no a los intereses partidistas de las estructuras orgánicas de los propios partidos políticos e intereses, a veces bastardos e inconfesables. Creo que nada habría más democrático que esa segunda consulta al pueblo como mandante supremo reconocido en la Constitución Española, concretamente en el artículo 1, punto 2, que reza que "la soberanía nacional reside en el pueblo español (en su conjunto) del que emanan los Poderes del Estado".

Esperemos confiadamente que a pesar de las críticas de la oposición, como las que acaba de manifestar el jueves pasado, absolutamente contradictorias ante la realidad de los números del Instituto Nacional de Estadística, de las que resulta que entre abril y junio se han creado 411.800 puestos de trabajo y la tasa de desempleo se ha reducido en 1´4 puntos (295.600 personas) hasta situarse en el 22´37 %, así como el aumento de la afiliación a la Seguridad Social y crecimiento de la renta nacional en un índice bastante considerable de 3´3%, uno de los máximos de los países de la Eurozona. Pues también esto le parece mal a la oposición, inclusive la moderada del Partido Socialista, que aunque admite los avances sigue hablando de precariedad de empleo. Que se lo digan a los Estados Unidos de América y otros países más avanzados que España, y Democracias consolidadas de siglos.

Ramón González de Mesa es abogado

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