Tribuna abierta

La Villa orotavense

23.07.2015 | 02:20

La Orotava constituye un municipio con un casco histórico de enorme interés cultural, contando el lugar con la distinción de Conjunto Histórico Artístico, declarado en 1976. De interés arquitectónico y artístico son algunas de las edificaciones civiles y religiosas que han llegado hasta nosotros. En ese sentido, la Villa hunde sus orígenes en el siglo XVI. Sería entonces cuando se inició el trazado urbano del lugar, influyendo el Licenciado Ortíz de Zárate en la organización y planeamiento de la primera red viaria, obedeciendo esa primera planificación a "la ubicación de las Casas de Nobleza, aglutinando en torno a ellas las edificaciones correspondientes a las clases de servicio y artesanales", tal y como señalara el profesor Alfonso Trujillo Rodríguez en su obra Visión artística de la Villa de La Orotava. La economía durante unos primeros momentos estaría protagonizada por el azúcar y la vid, llegando a contar el lugar con tres ingenios azucareros, continuando el cultivo de cereales y otros productos en la región, cuya aproximación sería magistralmente estudiada por el investigador Leopoldo de La Rosa Olivera en La Orotava hasta 1650.

Poco a poco se fue estructurando el trazado urbano, alrededor de diferentes espacios: La Iglesia de la Concepción, el Convento de la Santísima Trinidad, los molinos de gofio, etc.

Por su parte, la vid irá ocupando terreno a partir del segundo cuarto del siglo XVI, extendiéndose su cultivo a lo largo de las tierras orotavenses que habían sido dedicadas previamente al cultivo de caña de azúcar. A la par que se iban generando cambios económicos, estas transformaciones también afectaron a la población. La Orotava llegaría a ser la primera población insular a finales del siglo XVII, obteniendo, en 1648, el ansiado título de Villa. En el orden religioso, nos encontramos con referencias que nos muestran la llegada y expansión de diversas órdenes religiosas al lugar durante los siglos XVI y XVII. De esa forma aparecen los dominicos desde finales del siglo XVI, así como los agustinos, cuya fundación conventual data de 1648, llegando los jesuitas al lugar a mediados del siglo XVII para realizar un templo que nunca se concluiría. Asimismo, contaría La Orotava con un convento de monjas de clarisas franciscanas y otro convento de monjas dominicas.

Será durante los siglos XVII y XVIII cuando se conforme el casco histórico de la Villa de Abajo, una etapa en la que aparecerá el nombre de toda una serie de miembros de la burguesía que destacarán en diversos ámbitos de la legislación, la religiosidad, etc. Una aproximación investigada por el profesor universitario Arbelo Arbelo García en su obra La burguesía agraria del Valle de La Orotava (1750-1823).

Las complejas circunstancias económicas derivaron en una oleada de emigración hacia lugares como Cuba o Venezuela, una realidad que volvería a aparecer en momentos puntuales, tales como el hundimiento definitivo de la vid, pero la llegada de la cochinilla provocaría un periodo de esplendor efímero cuyo final vendría marcado por el descubrimiento de las anilinas artificiales.

Asimismo, durante los siglos XIX y XX se generarían toda una serie de obras que eliminarían ciertas estructuras de los siglos anteriores, marcando y definiendo el actual trazado urbano de la Villa, para el cual contamos con diferentes investigaciones, destacando el esfuerzo realizado por Antonio Luque Hernández, Domingo Lima Domínguez, Domingo Hernández Perera, los profesores Antonio Sebastián Hernández Gutiérrez y Manuel Hernández González, etc. En definitiva, toda una serie de investigaciones que han derivado en una mejor comprensión de todos aquellos acontecimientos que marcaron el inicio y la posterior evolución del municipio orotavense hasta nuestros días.

Javier Lima Estévez es graduado en Historia por la ULL

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