Tribuna abierta

Omar Sharif

23.07.2015 | 02:20

Este pasado 10 de julio, y en un verano envuelto en otra ola de calor, un infarto se llevaba a Omar Sharif (Alejandría, 1932), ese atractivo y estupendo actor egipcio que, mientras estudiaba Física y Matemáticas en El Cairo, había comenzado a trabajar en cintas rodadas en su país; pero al que jamás olvidaremos no por esos modestos comienzos sino por su intervención en unas pocas películas inglesas, norteamericanas y francesas realmente inolvidables: Lawrence de Arabia (1962), por la que fue nominado al Oscar como mejor actor de reparto; Doctor Zhivago (1965), la extraordinaria adaptación que David Lean hizo de la gran novela de Boris Pasternak; el musical Funny Girl (1968), que rodó con Barbra Streisand; y, mucho después, El señor Ibrahim y las flores del Corán (2003), dirigida por François Dupeyron y por la que Sharif ganó el Premio César.

El físico magnético de Sharif pronto fue explotado en sus inicios como galán del medio siglo en Oriente Próximo. Fue justamente su magnífica apariencia y su buen inglés las virtudes que convencieron a David Lean para que Sharif interpretase al príncipe Alí en la película más emblemática que llegó a protagonizar Peter O´Toole: ese Lawrence controvertido y épico que recorría la desolación luminosa de las tierras almerienses para deslumbrarnos a muchos, y en la que también brillan unos magníficos Anthony Quinn y Alec Guinness. Tras el éxito de Lawrence de Arabia, cinta decisiva en la carrera de Sharif, este se mudó a Holywood, donde no pudo evitar que su trayectoria se viera salpicada también de películas absolutamente olvidables.

Quizá sólo su papel en El señor Ibrahim y las flores del Corán, adaptación de la novela del mismo título de Eric-Emmanuel Schmitt, nos recordó en los últimos años su verdadera talla de actor, devolviéndole el lugar que merece. En esta cinta francesa, Sharif es un viejo musulmán que regenta una tienda de ultramarinos en uno de esos barrios periféricos y multiétnicos que dan la verdadera temperatura, la verdadera vida de una gran ciudad como París. La relación con Momó, un adolescente judío que es abandonado por su madre, luego por su padre, y sólo se relaciona con las prostitutas de la Calle Paraíso, los hará amigos que van a compartir un largo viaje, real e íntimo, hacia fuera y hacia dentro, ambos solos y cada uno en el extremo opuesto del tiempo. Hermosa e inolvidable, como Sharif.

Iván Cabrera Cartaya es filólogo, poeta y crítico literario

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