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El hijo de un compañero

23.07.2015 | 02:20

Tenía cuarenta y cinco años cuando me sucedió un hecho asombroso. El más asombroso que ahora mismo recuerdo. Tuvo lugar en un vuelo a Menorca. No, no, el avión no zozobró ni hubo un aterrizaje de emergencia. Los tiros van por otro lado. Se trata, quizá, de una nadería, dirán alguno de ustedes, después de haberlo leído, pero en verdad nunca alcanzó mi asombro un grado más fascinante.

Verán, en la sala de espera del aeropuerto de Madrid, divisé a un compañero del colegio salesiano, dos cursos más arriba, que no veía desde los dieciséis años. Cuando me disponía a saludarlo, me miró, como si no me reconociera, por lo que retuve el saludo. Una vez hube tomado asiento en el avión, apareció de nuevo por el pasillo, en busca del suyo, y una vez más sus ojos pasaron por encima de los míos, rozándolos, sin detenerse, como si no los hubiera visto antes. Durante el vuelo me levanté para ir al servicio, encontrándome por tercera vez con el mismo ninguneo.

No daba crédito al hecho. El susodicho compañero de colegio era además una persona tranquila, noble, que se hacia apreciar por todos, por lo que no tenía sentido su desapego. Deseché que no me hubiera reconocido. Tampoco parecía estar sumergido que digamos en depresiones o ansiedades. Parecía una persona, normal, en sus cabales. En fin, le estaba dando vueltas al asunto, aquí y allá, cuando de pronto me tensé como un junco en el asiento. Comprendí en un instante lúcido, muy claramente, el misterio: ¡No era él, sino su hijo! ¡Era el hijo! ¡Andaría sobre los veinticinco años aquel individuo y por lo tanto no podía tratarse de mi compañero! Su semejanza -reforzada sin duda con los años- me dificultó sobremanera quitar la venda que cubría mi mente, porque los ojos, aunque abiertos, no tienen la facultad de discernir, sino sólo de ver.

Una vez en tierra, mientras esperaba el equipaje le pregunté a uno de sus acompañantes por su identidad. Me confirmó que sí, que era hijo de su padre, mi compañero.

No podía ser de otro.

Florencio Hernández Galmés es escritor

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