Editorial

Una privilegiada ventana al universo

19.07.2015 | 02:20

Las cumbres del Archipiélago son una extraordinaria y privilegiada ventana al espacio. Cuando el rey Felipe VI definía -el 30 de junio en el observatorio de Izaña, en el parque nacional de Las Cañadas del Teide, con motivo del 30 aniversario del Instituto de Astrofísica de Canarias (IAC)- los cielos de las islas como de una "calidad extraordinaria" no se trataba solo de una declaración bienintencionada con los anfitriones, ni de unas simples y buenas palabras protocolarias. No. La observación del Rey en realidad reflejaba unas condiciones naturales que han propiciado el importante y trascendental protagonismo de las Islas para conocer el universo y su origen, con punteros y sorprendentes avances científicos y tecnológicos y asombrosas revelaciones.

Las conquistas y descubrimientos obtenidos desde los observatorios astrofísicos canarios durante estas tres décadas del IAC -como el hallazgo del primer agujero negro en nuestra galaxia, la demostración de que el Sol late como si fuera un corazón con una frecuencia propia cada cinco minutos o el proyecto Quijote para detectar la huella del Big Bang- consolidan a las Islas como una referencia científica mundial en una especialidad -el estudio y composición de los astros- que ha sido con frecuencia infravalorada, cuando no olvidada por los máximos responsables políticos de España encargados de la distribución de los fondos públicos para la investigación y la innovación.

Por si alguien tuviera alguna duda de que Canarias es una potencia en la investigación astrofísica mundial -no tanto en las Islas como en la Península- la confirmación esta semana en Berlín de que el observatorio del Roque de los Muchachos en La Palma albergará el mayor telescopio de rayos gamma, que permite extraer información de los fenómenos más violentos y extremos del universo, consolida aún más la labor durante tres décadas del IAC, donde trabajan 350 científicos y técnicos en 50 proyectos en colaboración con 60 instituciones de 20 países de cuatro continentes. Sin entrar en detalle en las áreas de investigación abiertas ya solo con estas cifras puede hacerse una idea aproximada de la magnitud y trascendencia de los trabajos astrofísicos que se están coordinando en las Islas.

Después de meses de negociaciones diplomáticas, de disputas internacionales, en las que se ha tenido en cuenta las condiciones ambientales, el rendimiento científico y los costos de construcción y operación de las diferentes candidaturas, el Observatorio del Roque de los Muchachos ha quedado por delante del de San Pedro Mártir, en México, con el que competía en la ronda final para la instalación del mayor telescopio de rayos gamma en el hemisferio norte. La instalación es para la Unión Europa un proyecto estratégico, equiparable al laboratorio europeo de investigación en física de partículas, CERN, en Suiza, donde se descubrió el bosón de Higgs. Conviene recalcarlo y no olvidarlo.

Sin ninguna duda el gran telescopio de rayos gamma es una gran apuesta europea con una inversión de 80 millones de euros, en una actividad como la astrofísica que cuando se fundó el IAC era cuanto menos extravagante, incomprendida o tildada como una chifladura en un país que no se ha caracterizado precisamente a lo largo de su historia por mimar a sus investigadores ni proteger ni cuidar a los científicos y menos cuando éstos se dedicaban horas y horas a observar el cielo y las estrellas.

Canarias está en el podio de la investigación astrofísica mundial, colaborando con los grandes equipos internacionales de investigación, pero durante las tres décadas trascurridas desde la fundación del IAC, ningún presidente del Gobierno español ha visitado sus instalaciones. Ni González, ni Aznar, ni Zapatero, ni Rajoy. El actual jefe del Estado sí lo ha hecho en varias ocasiones, desde la inauguración del centro, y en una de ellas incluso confesó que de no ser monarca se dedicaría a la astronomía. Una sensibilidad real con los astrónomos que trabajan en Canarias que no ha tenido en cambio ninguno de quienes han ocupado la presidencia del Ejecutivo español, ya sean del PP o del PSOE, desde 1985.

Al menos algo se ha avanzado durante este tiempo en el prestigio y respeto ganado por quienes se dedican a esta actividad científica en las Islas, unos pioneros que supieron ver, aprovechar y creer en el magnífico balcón de Canarias como observatorio astrofísico con una atmósfera privilegiada: serena y estable. Como las condiciones más idóneas estipuladas por Newton para la elección del mejor lugar para ubicar un telescopio.

Que en apenas tres décadas del IAC, y en los quince años anteriores de proyectos previos a su constitución, se haya pasado de una carencia absoluta de medios técnicos, sin apenas fondos, ni respaldo público y privado -en unas condiciones de trabajo durísimas para poder mantenerse en las cumbres canarias, sin instalaciones adecuadas, ni cobijo para soportar las temperaturas extremas tanto de calor como de frío, con incluso arrieros que subían dos veces por semana la comida para los observadores apostados en el Teide- a un estado en el que la ciencia del espacio en Canarias es una referencia mundial y la vanguardia científica de España es de una heroicidad portentosa. Un prodigio. Las tres décadas del Instituto Astrofísico de Canarias en términos cósmicos no son nada, pero para la ciencia de este país son un avance estratosférico.

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