Ritos de paso

El gallego García Márquez

17.07.2015 | 03:08

El primer recuerdo que tengo de una visita a la aldea, al pueblo donde había nacido mi padre, es el de unos niños tirándome piedras. Algunos de ellos eran mis primos o parientes, en aquel lugar de Galicia todos teníamos algún tipo de parentesco. Por lo visto, lo de las piedras formaba parte de una suerte de rito iniciático para recibir al niño de ciudad que venía a invadir territorio ajeno, a pesar de que mis abuelos, bisabuelos y demás ancestros por parte de padre, estaban enterrados en el patio de la pequeña iglesia románica del lugar. No volvieron a tirarme piedras pero tampoco me aceptaron, ya no como uno de los suyos, a pesar de compartir apellido, sino como alguien que ellos pudieran considerar normal pues llevaba la mancha imperecedera de la urbe. Por eso, y por otras razones que no vienen al caso, siempre me sorprende el afán reivindicador de ocultos orígenes de famosos y no tan famosos: debe ser que no les tiraron suficientes piedras. Gabriel García Márquez le decía a PlinioMendoza en El olor de la guayaba que su abuelos eran descendientes de gallegos y "muchas de las cosas sobrenaturales que me contaban provenían de Galicia."

Puede ser, todo remite siempre a un círculo, a un eterno retorno de lo idéntico, pero quien haya estado en Colombia habrá encontrado Macondos en cada esquina y Buendías en muchas tabernas sin necesidad de recurrir a referentes galaicos. Mijaíl Lérmontov escribió en 1839 cinco narraciones excelentemente románticas agrupadas bajo el título Un héroe de nuestro tiempo. Haciendo honor a su estética y quizás a su ética, murió a los veintisiete años en un duelo. También conocido como Mihail Yurevic, de él se decía que podía ser descendiente de escoceses del siglo XVI. De nuevo el círculo, el de los orígenes celtas, la búsqueda del pedigrí porque lo que dice en el pasaporte sobre uno parece escaso, pobre o de poca enjundia. A mí me tiraron piedras, insisto. Puede que en todo esto tenga mucho que ver la psicologización multilateral para explicar la vida, y/o el exceso de psicoanálisis en la misma.

Se supone que Freud y Jung viajaron a los USA en 1914 para dar unas conferencias. Cuando estaban a punto de desembarcar, Jung le dice a Freud, contemplado Nueva York, "Ese es el futuro" y Freud le responde "¿Cree usted que son conscientes de que le traemos la peste?". A ellos no les tiraron piedras, que yo sepa: era un viaje inverso.

José María Noguerol es periodista

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