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Grecia y nosotros

14.07.2015 | 00:06

O Grecia y yo, que vengo a ser una parte de ese "nosotros" majestuoso, grandilocuente y tierno al mismo tiempo. Porque cuando se habla de Grecia y de sus inquietudes, uno se siente aludido. Es como si Grecia fuera algo muy próximo que perteneciera a nuestro círculo más cercano de parientes y amigos. Y uno los escucha hablar en la televisión o escucha a sus líderes y se siente mucho más cerca de cualquiera de ellos que de un escocés, por decir algo. Está claro: yo estoy más cerca de Alexis Tsipras y de su madre y de la madre de su madre que de Ángela Merkel y de la mayoría de las madres de los miembros de la troika añadiendo a algunos de nuestros representantes. Hablo de rasgos, de cráneos y de estatura moral. Hablo de actitudes ciudadanas. Cuando Grecia paría senadores y filósofos en cada rincón de su hermoso mapa, lo que hoy es Europa (si es que lo es) andaba aún corriendo por esos montes cazando jabalíes para comérselos a cuatro manos. No se pueden hacer comparaciones. No ha lugar.

Ni Roma era Roma ni Sevilla tenía Giralda que llevarse a una feria. ¿Por qué quieren engañarnos ahora con el cuento de que los griegos son unos patanes asilvestrados si éramos todavía unos energúmenos cuando ya ellos cantaban los poemas de Homero? Cuando oigo a algunos de nuestros llamados líderes políticos opinar sobre los griegos y su economía y sus actitudes ante la bien orquestada Europa, siento la rabia y la impotencia por no poder levantarme, pedir la palabra, y decirles algo así como ¿pero, de qué van ustedes pobres diablos o es que ahora van a dar lecciones de democracia a quienes la inventaron? ¿Van a hablar de economía a quienes nos enseñaron el valor y la armonía de los números en relación con la música y los astros? Es como un chiste malo.

¿Que Grecia es pobre? Ya lo sabemos. ¿Que han dilapidado su economía? También lo sabemos. Igual que sabemos que no son precisamente los griegos los que la han dilapidado sino una pandilla de mangantes, como los nuestros, que se han embolsado el dinero del pueblo. Aunque también de eso saben mucho los griegos como lo saben los italianos y los españoles. Que el sur sabe mucho de rapiñas y de aves carroñeras que en el norte ya andaban los vikingos comiendo carne cruda y saqueando pueblos enteros cuando por aquí abajo gobernaban emperadores que sabían decir las misas en latín. Y por esas razones no se entienden las lecciones de cultura ciudadana o de moral imperialista que pretenden darnos los representantes de una Europa que no tiene ya lección alguna que darnos.

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