Editorial

Gobierno nuevo, tiempo nuevo

12.07.2015 | 02:00

C oncluye una intensa semana política: lunes y martes debate de investidura en el Parlamento de Canarias para la elección de Fernando Clavijo, jueves, toma de posesión del nuevo presidente en la ciudad de Las Palmas de Gran Canaria, sede de la Presidencia para los próximos cuatro años, en un acto que contó con una inesperada, por amplia y plural, representación de toda la sociedad canaria, y viernes nombramiento de los nuevos consejeros y la celebración del primer Consejo de Gobierno de la nueva legislatura.

Es probable que el inicio de este mandato se haya recibido y percibido en gran parte de la opinión pública como el comienzo de un tiempo nuevo, de frescura y limpieza, de un cambio -recambio para los maliciosos críticos- en la gestión de la Administración canaria, una renovación que no deja de ser un tanto paradójica si se tiene en cuenta que CC controla el Gobierno de Canarias desde hace más dos décadas. Si esa apelación a lo nuevo -un concepto de mil y un usos- viene a cuento es, sobre todo, por una herencia no tan bien aceptada, la del Gobierno de Rivero, que ha acabado su mandato con un más que evidente cansancio y agotamiento, llevado por la inercia y la apatía. Y con un desgaste personal y político por el pulso mantenido con el Gobierno central agotador e incomprensible que ha dañado los intereses estratégicos del Archipiélago.

Pese a que el pacto de CC y PSOE se mantiene, ningún consejero repite en el nuevo Ejecutivo presidido por Clavijo. Machuca y limpia. O al menos esa es la sensación que se trata de transmitir. Y aunque no sea del todo así -algunos de quienes asumen ahora máximas responsabilidades ocupaban cargos intermedios en el anterior organigrama del Gobierno- Clavijo ha conseguido que lo parezca, lo cual ya tiene su mérito. En una operación combinada de estrategia militar para ocupar el territorio y buenas dosis de finura diplomática ha creado además una superconsejería de Industria de la que se hará cargo un apreciado y prestigioso ejecutivo independiente grancanario que asume las relaciones con la UE, la política económica, la energética, la industrial, la innovación y el desarrollo.

Por un lado Clavijo silencia así a quienes se sintieran ofendidos o indignados por el mal entendido desequilibrio territorial en el Gobierno con un presidente y una vicepresidenta de Tenerife y por otro, el nombramiento del independiente Pedro Ortega como superconsejero de Economía e Industria no puede menos que interpretarse como una astuta maniobra para intentar integrar a quienes en Gran Canaria perciben a CC como una opción política extraña o ajena a los intereses de esa Isla. ¿Quién duda de que Ortega ejercerá como un magnífico anfitrión para que Clavijo entre en esos círculos económicos y empresariales grancanarios hasta ahora vedados a CC?

El relato político que ha comenzado a escribir Clavijo se ha iniciado con una ambición que aunque no es novedosa ni exclusiva al menos es osada si la lleva hasta las últimas consecuencias -el inicio de una nueva transición política y económica en las Islas- con una ubicación estratégica en el centro del terreno para buscar la complicidad de todos los grupos parlamentarios -en lo que en su propia denominación es el "buen rollito" consciente de que con eso sólo "no se llega a ningún lado", aunque tampoco con el enfrentamiento- y con un mensaje a sus consejeros que podrían suscribir desde Podemos al PP: más calle y menos despacho. El paso del tiempo permitirá comprobar si la transición se queda en un amago, la centralidad acaba escorándose a derecha o izquierda y la calle se abandona.

El debate de investidura sirvió por de pronto para mostrar una desconocida fotografía del hemiciclo acorde con los nuevos tiempos, por edad y por ideales. La de la amplia renovación que se ha producido en el nuevo Parlamento, compuesto por una gran mayoría de jóvenes diputados que representan la tercera generación de la política canaria desde el inicio de la democracia y la autonomía. Una generación que se tiene que enfrentar al difícil reto de gobernar Canarias y afrontar las reformas que garanticen crecimiento sostenible, bienestar social y regeneración democrática.

En este tiempo nuevo gana protagonismo la mujer en la política canaria, como viene ocurriendo en diversos sectores de la vida social. Así, el Parlamento está formado por 32 diputadas y 28 diputados, hecho poco usual en la mayoría de los parlamentos del mundo. Consecuentemente, la nueva presidenta es también una mujer, Carolina Darias, que ya en su discurso de toma de posesión fijó las coordenadas de lo que espera sea la nueva legislatura: diálogo, consenso y acuerdos. Por último, el nuevo Gobierno de Fernando Clavijo y Patricia Hernández, que se constituyó el pasado viernes, contará también con mayoría femenina: seis consejeras frente a cuatro consejeros, además del presidente.

En el debate parlamentario, Fernando Clavijo destacó los tres grandes retos a que se enfrenta su gobierno: el primero, crecimiento económico, con una nueva Estrategia de Formación y Empleo; segundo, mejorar las políticas públicas en los Servicios Sociales, Sanidad y Educación; y tercero, fortalecer el autogobierno de Canarias y las relaciones con el Estado y la Unión Europea. Son, sin duda, objetivos ambiciosos y no fáciles de alcanzar. Consciente de su dificultad, el presidente Clavijo aspira a alcanzar una mayoría política y social que le respalde. Y propone construirla con el diálogo, el consenso, la concertación del conjunto de las fuerzas políticas, las instituciones y la sociedad civil organizada. Lógico y admirable, pero no por ello ni fácil ni posible.

Clavijo sabe que no es suficiente la fuerza y cohesión del pacto de Coalición Canaria y el Partido Socialista, sino que necesita, además, a los grupos parlamentarios de la oposición y a las organizaciones económicas y sociales para abrir un nuevo diálogo con el Gobierno de España. Este diálogo es fundamental para solventar los asuntos considerados centrales en las relaciones Canarias-Estado, actualmente empantanadas.

El camino es complicado y la clave del éxito estará en resolver de forma positiva el viejo dilema del padre de la sociología moderna Max Weber: o bien conquistar nuevos medios para los ambiciosos fines o, por el contrario, resignarse a adaptar los fines a los escasos medios. Dos caminos distintos en que uno lleva al ascenso y el progreso y el otro, al declive social.

La fuerza del nuevo Gobierno de Canarias dependerá de su capacidad para construir con toda la sociedad un compromiso por Canarias. Superando cualquier planteamiento partidista y conectando con los intereses generales del conjunto de los ciudadanos en este momento histórico. Fijando, en definitiva, metas y objetivos en que toda la sociedad se considere representada.

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