Fin de siglo

El dedo meñique

10.07.2015 | 02:20

G recia, representando el 2% del PIB europeo, ha logrado una atención mediática del 90%. He ahí el sueño de cualquier escritor: triunfar con el 2% de Madame Bovary, de Ana Karenina, o con el 1% de la Biblia. Pero incluso para escribir el 1% de la Biblia has de tener una capacidad fabuladora insólita. Un 2% del PIB de Europa, decíamos, y miren la novela que se ha organizado. Vodevil, más que novela, por la cantidad de puertas que se abren o cierran y por el número de personajes que entran y salen. Por cierto que el mutis de Varufakis, en moto y camiseta, constituyó un acierto narrativo de primer orden. Sus adversarios, no sabiendo si hacerle una crítica formal o de contenidos, han caído en un discurso entre impreciso y turbio que dice más de su envidia que del narcisismo del exministro heleno. En todo caso, en una cosa estamos de acuerdo con él: ¿a quién le importa el odio de los acreedores cuando los acreedores son los que son?

Si mi cuerpo fuera el PIB de mi mente, ¿cuánto sería el 2%? Pongamos que el dedo meñique del pie izquierdo. Poca cosa. A mí me da problemas ese dedo y me lo amputo. He investigado en la Red y no tendría consecuencias. Pero quien dice el dedo meñique del pie, dice el de la mano. Los Simpson, con solo cuatro dedos, hacen las mismas tonterías que el resto de la humanidad con cinco. La solución no parece difícil. Extirpen ustedes a Grecia, que no es más que un apéndice con el que Europa se saca el cerumen de los oídos. Conocida la crueldad de las instituciones financieras y de sus brazos políticos, parece mentira que no hayan acudido aún al cirujano. Quizá mienten. Quizá el valor de Grecia no sea expresable en porcentajes. Hay un momento en la vida de todo millonario en el que aparece la pregunta de si el dinero lo es todo. La respuesta es no. También está el poder.

A lo mejor, a lo que estamos asistiendo es a una lucha por el poder político. Es posible que echar una mano a Grecia, formalmente hablando, fuera tan sencillo como imprimir unos billetes. Pero, desde el punto de vista de los contenidos, los ricos se juegan el relato, la novela, el vodevil, o lo que quiera que sea el artefacto narrativo al que estamos asistiendo. Evidentemente, no es una cuestión de porcentajes.

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