Realidades cotidianas

Ankagua, Tantor

04.07.2015 | 02:47

En el parque nacional del Serengueti, en Tanzania, los elefantes de una misma familia se separan y dispersan en las épocas de sequía más duras. Una vez que ha vuelto la lluvia y, con ella, los pastos y la vida, se vuelven a juntar porque la familia es la fortaleza del grupo. La naturaleza que llamamos salvaje nos ofrece lecciones de supervivencia imposibles de superar por el ser vivo que autodenominamos el más inteligente: el hombre.

En el tedio del calor del verano nada parece que haya cambiado en el panorama político canario, español y hasta europeo tras las elecciones. La vieja política me tiene aburrido y sus protagonistas, a mis ojos comediantes a tiempo parcial, no cabe duda, agotado mentalmente. Palabras como ciudadanía, bien común, pueblo o democracia, entre otras, han sido obscenamente toqueteadas por los paladines de la sociedad de la incertidumbre, que es en lo que nos han transformado.

De las revueltas a las revoluciones la sociedad se va polarizando en buenos y malos. Los buenos son portadores de la ortodoxia financiera y bancaria, del conocimiento, del orden social y de la democracia, dicen. Los malos quieren cambiar el sistema porque este no sirve, genera desigualdad, pero los denominan radicales? ¿Hay algo más radical que descubrir que todo es mentira? La palaba radical se refiere, en la mayoría de sus acepciones, a la raíz. ¿Raíz de los problemas o de las soluciones? No desean que lo descubramos.

Atemorizado de tanto miedo, de tanta inseguridad que desean para nosotros, me diluyo en el sofá de la individualidad con lo único que controlo cuando tengo el mando de la televisión: mis decisiones. Lo único nuevo y lo más interesante de toda la tarde, de todo el día y de las últimas semanas del panorama político que padecemos es que los elefantes del Serengueti son más inteligentes que nuestros representantes públicos. Los primeros se dispersan para sobrevivir cuando el medio ambiente es hostil. Los segundos nos mienten, son corruptos, nos meten en la crisis, nos dicen que van a cambiar y, tras el voto, retroceden porque afirman que el cambio es radical. Ocho años después del diagnóstico de nuestras crisis me veo en el mismo teatro y con la misma sed. Históricamente las revueltas siempre anteceden a las revoluciones. La única revolución que tenemos delante es la energética, que el Partido Popular nos la sigue negando para favorecer al oligopolio eléctrico.
Vendrán las revueltas y nosotros en el Serengueti con estos pelos.

Borja Bencomo es periodista

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