Retiro lo escrito

Juego democrático

03.07.2015 | 02:20

Se ha firmado ya el pacto entre CC y el PSC-PSOE para gobernar el Ayuntamiento de La Laguna? ¿Se ha firmado un acuerdo para luego firmar un pacto? ¿Está a punto de firmarse un acuerdo entre Rubens Ascanio y Santiago Pérez con Javier Abreu, hasta hace un mes un siervo lacayuno de la extrema derecha coalicionera y hoy en día un compañero de izquierdas francamente alcaldable? ¿Contaría dicho acuerdo con la abstención activa del PP? Todas estas apasionantes cuestiones seguían abiertas a última hora de la tarde del jueves. La situación es tan enigmática que nadie sabe dónde está exactamente Javier Abreu, que según algunos se ha atrincherado en su casa y no le coge el teléfono ni a Pedro Sánchez mientras se dedica a ver todos las ediciones grabadas de Sálvame de Lux que no pudo disfrutar en los últimos cuatro años.

A algunos (quizás a la mayoría, vaya usted a saber) comienza a hartarnos toda esta estruendosa épica de metacrilato alrededor del ayuntamiento lagunero, mitad plúmbea novela de espías, mitad zarzuela ajoarriera. Ciertamente Coalición Canaria, aunque sufrió un desgaste brutal, consiguió ser primera fuerza en las elecciones municipales del pasado mayo. Pero ser la lista más votada, alcanzar una mayoría relativa, no supone ninguna legitimidad agregada a la del resto de las fuerzas políticas. Esa perversa y a la vez estúpida tesis según la cual se debe dejar gobernar sin más a la lista más votada atenta contra dos principios democráticos básicos, tal y como recordaba recientemente José Antonio Martín Pallín: el pluralismo político y el valor del consenso. Coalición Canaria debe, por tanto, buscar alianzas y apoyos para conseguir que su candidato, José Alberto Díaz, sea elegido alcalde y pueda gobernar. Lo mismo ocurre exactamente con Unidos se Puede y con Nueva Canarias. Ascanio y sus compañeros insisten con doliente indignación en los últimos días en que los electores laguneros votaron cambio, que el cambio son ellos y que, por tanto, si ellos no gobiernan, se habrá traicionado el mandato de los electores. Como ocurre usualmente con estas lecturas de resultados Unidos se Puede se limita a arrimar el ascua de la poltrona a su sardina transformadora, porque entre USP y Nueva Canarias solo suman nueve de los veintisiete concejales, o si se prefiere, el 26% de los votos emitidos. A ambos partidos les asiste el derecho – e incluso el deber – de conseguir una mayoría estable de gobierno encabezada por un alcalde capaz de desarrollar en su acción de gobierno un consenso programático razonable. Es exactamente lo que han intentado hacer en su diálogo con el PSOE, olvidando convenientemente antiguas repulsas y denuncias tronantes contra los socialistas, denuncias y repulsas que recuerdan extraordinariamente las que proferían Gustavo Matos y Javier Abreu contra Coalición en la campaña electoral de 2011.

Y eso es más o menos todo. Conseguir sumar y organizar una mayoría de gobierno dotada de un alcalde y un equipo que gestionen los intereses públicos en el municipio de La Laguna a partir de un programa político consensuado. En eso consiste el muy razonable juego democrático y no en reclamar primogenituras porcentuales ni denunciar complots para que no gobiernen los heraldos de un pueblo que no los votó a mansalva precisamente.

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