Tribuna abierta

Noventa sin Quesada

01.07.2015 | 02:20

En 1924 el escritor Gabriel Miró, amigo del modernista canario Rafael Romero (1886-1925), más conocido por su seudónimo de Alonso Quesada, lo animó a optar, con el libro Los caminos dispersos, al Premio Nacional de Literatura de 1925, ganado finalmente por Rafael Alberti con su famoso Marinero en tierra (1925). El libro, con el prólogo que el propio Miró redactó aquel año no se publicó hasta 1944, casi veinte años después de la muerte del escritor grancanario. Este hecho no es baladí y tuvo consecuencias incorregibles y nefastas en la creación del canon y el gusto poético en España en las décadas siguientes. Hoy, tantos años después de aquel fallo, el resultado me parece tan injusto como disímiles la calidad de los libros entonces valorados.

Alonso Quesada fue un escritor infinitamente más original, complejo, profundo y reflexivo que Alberti, más allá de que sea canario o de la Conchinchina. Creo que la intelectualidad española de entonces, y aún la de hoy, no estuvo ni está preparada para leerlo y poner su escritura en la medida que merece... así nos fue, así nos sigue yendo. Cada vez que voy a Madrid, provocativamente, lo cito, lo nombro, hablo de las maravillas de su Poema truncado en ambientes supuestamente cultos y eruditos. Juan Cruz me felicitó una vez por ese atrevimiento, lo que se convirtió en la enhorabuena más extraña que recibí nunca; pero la verdad, pese a los estudios hechos hasta ahora y la edición de sus obras completas, sigue siendo que nadie que no haya nacido en estas islas sabe quién es. Todos preguntan: "¿Y qué está escribiendo ahora ese joven?".

En Canarias tampoco es que cuidemos la memoria y los elementos cotidianos que rodearon a Quesada, según me cuenta el también escritor y amigo Antonio Arroyo Silva: "La vivienda donde falleció el poeta está situada en el interior del restaurante La Casa Romántica, en la subida al Valle de Agaete. Es decir, en vez de pertenecer al patrimonio público, pertenece a una empresa privada, tengo entendido que de capital alemán. Una vez fui a comer a dicho restaurante y, de paso, subí a lo alto de la loma donde está la casita del poeta y vi cómo los animalitos hacían sus necesidades en el mismo lecho donde el pobre Rafael dejó de existir. Penoso, ¿verdad?". En este 2015, justamente, se cumplen los noventa años de su muerte.

Iván Cabrera Cartaya es filólogo, poeta y crítico literario

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