Luz de luna

La cultura no depende del dinero

01.07.2015 | 02:20

Nuestra iniciativa cultural debe desligarse de una vez por todas de la política de los órganos de gobierno a la cual se ha supeditado tanto para vivir de ayudas económicas como para satisfacer programas electorales en los cuales se utiliza como reclamo sobre el votante.

Precisamente, hay que romper ese candado que nos atenaza y comenzar a trabajar de manera más abierta e independiente, desprendiéndonos de esa idea preconcebida de que son entidades financieras que nos facilitarán dinero sin ningún tipo de interés para poner en práctica proyectos en los que hemos puesto empeño e ilusión.

Los éxitos o fracasos no dependen de lo que se diga en un despacho con sabor a poder. No debemos esperar a que el político de turno asienta a las propuestas que le presentamos y que condicione cada idea a lo que él opine, sino que tenemos que tomar las riendas de nuestros designios. Para ello se necesita la cooperación entre todos los sectores, valorando entre sí lo que unos y otros hacen, contribuyendo a difundir sus trabajos a la vez que vencer la individualidad, esa que tanto nos condiciona y alimenta egos.

La cultura no está reñida con el dinero, pero tampoco tiene que convertirse en su esclava ni en un filón de oro ansiado por buscadores avaros de este metal precioso. Muchos artistas se han lucrado con actuaciones tanto fuera como dentro del ámbito insular gracias a las subvenciones del Gobierno de Canarias, lo mismo que distintas editoriales, que publicaban libros con presupuestos exacerbados producto a esa misma dinámica, cayendo en una clara institucionalización y enriquecimiento privado a costa de lo público. Con la llegada de la crisis económica, tanto unos como otros desaparecieron del ámbito en que se movían hasta esos momentos y su creatividad e iniciativa empresarial se hundió más rápido que el Titanic, tanto que la única solución fue esconderse como lagartos en invierno a la espera de que vuelva a salir el sol. Pero durante ese mismo período otras muchas personas no cesaron en su actividad porque podían dar a conocer a la sociedad todo lo que desarrollaban sin necesidad de recurrir a esos mismos organismos, ya que en su mentalidad estaba claro que una subvención no juzgaría si su trabajo era mejor o peor que otro.

Estoy harto de escuchar que aquella se concibe como una inversión de dinero condicionada al desarrollo de los presupuestos, y no somos capaces de romper las barreras que surgen en primera instancia para adueñarnos de espacios y crear otros nuevos en los cuales transmitir a la sociedad la forma que tenemos de entender el mundo, lo mismo que quien se surte de ella para engordar su cuenta corriente. Hay un riego que todos corremos, pero al final del camino encontramos la libertad de hacer lo que nos gusta sin estar supeditados a cadenas. Siempre puedes seguir llamando a las puerta del ayuntamiento de turno para que te publique una vez tras otra un nuevo libro o mendigar una ayuda para dar un concierto mientras desde allí se lanza el mensaje basado en que se garantiza ese feed-back que ha permitido tu crecimiento personal e intelectual gracias a una correcta inversión y aprovechamiento del erario público. Entonces solo serás otro preso que no ve más allá de la alambrada de espino que te rodea.

Francisco Javier León Álvarez es licenciado en Geografía e Historia

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