Tomando el pulso

La teletienda

01.07.2014 | 02:00

Hay que ver la cantidad de minutos que puede pasar una persona viendo en su televisor los anuncios de la famosa Teletienda. Venden de todo, te lo repiten una y otra vez, a veces no te dicen el precio de inmediato y así tienen a uno con lápiz y papel pendiente de la pantalla y sin pestañear el mayor número de minutos posibles, consiguiendo el efecto publicitario deseado. Al final, por fin, vemos como aparece el importe, casi siempre con dos palabras: Por sólo... y la cantidad al contado, pudiéndola abonar en incómodos plazos con diversas formas de pago. Entre los productos podemos encontrar la típica faja que además te hace sudar en el menor tiempo posible y otra que te moldea la figura. Las zapatillas, para no sólo estar cómodo en casa sino con una plantilla y diseño para una mejor circulación, pudiendo salir a la calle en un momento puntual como por ejemplo a tirar la basura. Toda clase de aparatos de gimnasia, en especial los que suspiran por unos abdominales perfectos o una auténtica tableta de chocolate. Incluso muchos sueñan con lograrlo en pocas semanas.

Los mayores no paran de pedalear, incluso sentados en el salón, al mismo tiempo que charlan frente al televisor. Los aparatitos para la sordera no se quedan atrás, consiguiendo una audición a veces más de la cuenta, recordando siempre que escuchar conversaciones ajenas es de mala educación. La guinda en este campo es la máquina eléctrica que sustituye a los clásicos bastoncillos para limpiar los oídos, chiquito trasto. Si nos referimos al apartado de la limpieza, nos encontramos con la famosa bayeta que de una pasada lo limpia todo no ensuciándose la misma, todo un milagro. Con un vasito de limpia suelos, tiene uno para toda la casa. El robot de limpieza con forma de platillo volante, acaba mareado por la cantidad de obstáculos que encuentra y claro, llegar a las esquinas, le cuesta. Menos mal que entra en juego la aspiradora que remata todo lo que no ha hecho el anterior, como siempre. En fin, queda claro que como una persona adquiera una serie aparatos, lo que es seguro es que la casa se le llena de trastos, que en muchas ocasiones se usan una vez y gracias.

Desaparece la ilusión del principio, entre otras cosas, por la novedad, preguntándose: ¿Qué estaría yo pensando cuando lo compre?

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