La ciprea

El valor de la resistencia

30.06.2014 | 23:22

Ya sé que a muchos de ellos los eliminaron al final, pero eso no importa ahora. Ahora, con la mirada puesta en el pasado y sabiendo lo que sabemos sobre técnicas de desobediencia civil, guerrillas y otras lides, su recuerdo se nos viene encima como a borbotones. El espíritu de Esparta o de Numancia, de Doramas o de Tanausú, su arrojo, su voluntad de lucha hasta el último aliento y otras peripecias que adornaban nuestros libros de historia amén de las leyendas aparecidas en los libros de cuentos de tapa dura, son referencias que nos quedaron grabadas para siempre y conformaron nuestro expediente cultural y emocional. Por eso vuelvo la mirada de nuevo hacia atrás como la vuelvo hacia otros perdedores en apariencia pero que, a la larga, han regresado como los ganadores de la batalla histórica. Ellos nos dejaron un legado de voluntad de ser; de no renunciar a sus principios; de no dejarse avasallar por ejércitos más poderosos; de no rendirse hasta la muerte. Ellos, en fin, ganaron con su heroísmo a los vencedores y nos dejaron un claro mensaje sobre el valor de la resistencia.

También sé que hubo otras resistencias que completaron la partida y acabaron por cansar y vencer al enemigo más poderoso y mejor
preparado. Lo hicieron lentamente, poco a poco, en las montañas, en la selva, en las ciudades. Pequeños grupos que se opusieron con entereza a los mandatos de los déspotas, a los mandamientos de los gobiernos corruptos, a las leyes de la impostura y la injusticia. Pero esas fueron las menos y, aún así, me dejo arrastrar por ellas. Confío en la fuerza de su verdad y en la evidente claridad de sus principios morales que no son otros que aquellos que dicta el sentido común, es decir, el sentir de la comunidad, la razón del grupo, de la tribu, de la inmensa mayoría por no decir de todos excepto de uno o, a lo más, de tres o cuatro que dictan las leyes o las costumbres a su criterio personal.

Confío en su tenacidad y creo que no mienten al decir que el pueblo les habla, les ruega que intercedan por sus causas. Es la historia en carne viva y quienes saben leerla entienden de lo que hablan quienes proclaman el valor de la firmeza frente a la invasión de enfermedades sociales, mentiras cronometradas, ejércitos de sicarios y mercenarios a sueldo de los que pretenden seguir distribuyendo el pan y la muerte a su libre albedrío. Por eso busco ejemplos que me llenen de esperanza, porque esa virtud supone fortaleza de ánimo y el saber determinar lo que está por venir y atender a su llegada sin miedo alguno.

Miembro del Consejo Editorial de la opinión de tenerife

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