Retiro lo escrito

Se siente fuerte

25.06.2014 | 02:00

El Tribunal Supremo ha rechazado las alegaciones del Gobierno de Canarias contra las prospecciones petrolíferas de Repsol en las proximidades de Lanzarote y Fuerteventura. El mundo está aguantando la respiración para ver qué se le ocurre a Paulino Rivero o, lo todavía más aterrador, a Fernando Ríos Rulllllll si le queda tiempo mientras intenta volar la organización de su partido en Tenerife. Mientras tanto quizás quepa ignorar los tejemanejes íntimos del conflicto petrolero para incardinarlo en una decisión tomada por Rivero y que ha signado prácticamente toda la legislatura con unos efectos perniciosos: la ruptura de unas relaciones políticas normalizadas con el Gobierno central. Sin duda Mariano Rajoy y sus ministros han puesto de su parte, pero la asombrosa negligencia del Ejecutivo canario brilla con luz propia. La luz de un fuego fatuo. La oscura luz de un gobierno felizmente encapsulado en sí mismo y que ha sido incapaz, deliberadamente incapaz, de esbozar una agenda de reformas políticas e institucionales. Un Gobierno resistencial, pero sin iniciativa, donde el único que habla es el presidente en un monólogo incesante que recorre torneos de petanca, visitas protocolarias o actos de una iglesia evangélica.

Un monólogo obsesivo y paternalista al que le importa un higo pico la sociedad civil, sobre la cual se permite, como en la época de gordas vacas presupuestarias, imponer una grotesca relación jerárquica, enterrado hasta por encima de la orejas en la acérrima confusión entre gobernar y mandar.

Un Gobierno, en fin, cuyo presidente, cuando los periódicos osan preguntarle si anhela una tercera candidatura presidencial, responde que se siente bien y con fuerzas para ello. Con fuerzas, dice. Es un concepto político ciertamente novedoso. Que vayan pasando los aspirantes para proceder a análisis de sangre y orina y ser sometidos a media hora de gimnasia sueca. Pero es el nivel que padecemos. El aurea mediocritas de los jardineros de nuestro Edén de pobreza, desnutrición y desempleo. Nuestro Disraeli subtropical, nuestro Adenauer macaronésico. A un presidente del Gobierno le preguntan sobre su (tercera) candidatura y no se le ocurren tres frases sobre el proyecto político de su partido, sobre su aportación al mismo, sobre la estrategia gubernamental que cree necesario implementar en los próximos años. Solo que se siente bien y que para continuar sintiéndose estupendamente lo mejor debe ser –claro– continuar en el cargo. Un asunto personal. Se siente bien. Se siente fuerte. No sé cómo no le podemos votar a este hombre.

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