Tribuna abierta

Hacia un nuevo concepto de Política

24.06.2014 | 02:00

DDecía el Santo Padre hace unos pocos días una frase curiosa que, nuevamente, me hizo reflexionar sobre la Política. Francisco, en su habitual estilo cercano, decía: "La política es una de las formas más elevadas de la Caridad, porque busca el bien común".

Habrá quien inmediatamente quiera poner el acento en que el concepto más adecuado no es el de caridad, una palabra con eminentes connotaciones religiosas, y prefiera emplear el concepto "solidaridad" para referirse a esa alta motivación de la Política.

Sea como fuere, por caridad o por solidaridad, las palabras del sucesor de Pedro suscitan, por lo menos, la necesidad de reflexionar sobre ellas. Repensar sus palabras nos hace ponernos en situación y, a mí personalmente, me produce más dudas que certidumbres: ¿Está la Política motivada por la solidaridad?, ¿busca, como dice, necesariamente el bien común? Quizás el Papa hable de una Política diferente.
Hace unos días hablaba con un buen amigo mío, de esos que te acompañan en la trinchera que muchas veces es la vida, sobre el sentido de la gestión de lo público. Hoy, tras releer la frase del Obispo de Roma, más me doy cuenta de que puede que algo estemos haciendo mal.
Algunos se equivocan al comprender la política como un escenario de lucha contra el adversario, en un deseo incansable por acceder o mantenerse en el poder con la idea de defender un proyecto político con el que intentar mejorar la sociedad.

Todo eso es legítimo pero ¿cuantas veces la política, en su pasión por ejercitar su modelo social y de gestión, se pierde en batallas intestinas y descuida su verdadero objetivo: el llamado bien común?

Caridad como la entiende Francisco y tal y como recoge la RAE en una de sus acepciones, es la "Actitud solidaria con el sufrimiento ajeno". ¿Da que pensar, verdad? Muchos estarán de acuerdo en que poco o nada tiene que ver esta virtud con la política como se concibe en la actualidad.

Pero, una vez más, me resisto a usar estas líneas para desesperanzar y desesperanzarme. Antes bien y aun a riesgo de que me tachen de ingenuo, quiero revindicar una Política diferente.

Una que concibe al ciudadano como fin en sí mismo, como objetivo de todas sus actuaciones. Hacen falta gestores pero no tecnócratas que sepan que, en Política, no todo vale. Hacen falta líderes que entusiasmen a la ciudadanía y no demagogos. Hace falta una lucha sensata, con los pies en el suelo, huyendo del populismo que, brillantemente, denunciara Michael Ignatieff (catedrático de la Universidad de Harvard, Toronto, 1947, y líder de la oposición liberal en Canadá hasta 2011) como un "ofrecer soluciones falsas a problemas reales".

Quizás la solución pase por "profesionalizar" la Política. Pero no debe entenderse esto como convertir la política en el modus vivendi de los que la practican, ni tan siquiera el hecho de que a ella vengan exclusivamente los curricularmente más preparados sino los que, por encima de todo, comprendan que se lucha por el bien común y no por acceder o mantenerse en el poder.

Necesitamos continuar forjando líderes, políticos con mayúsculas, en los que creer en una época de incertidumbre. Gente sensata que movilice los sentimientos con la moderación por bandera y no con el rencor. Lograr esto continuará beneficiando al conjunto de la ciudadanía y además prevendrá a la democracia de los arribistas. En definitiva hace falta, por encima de todo, caridad.

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