Tribuna abierta

Tian´anmen

23.06.2014 | 02:00

Veinticinco años ya, un cuarto de siglo de lo ocurrido en Tian´anmen, aquella primavera tardía de 1989, cuando los jóvenes chinos soñaban con un futuro mejor viendo lo que empezaba a ocurrir en el este de Europa: la caída del Muro de Berlín y el fin de la larga Guerra Fría (al menos en apariencia); pero ¿para qué? La mayor parte de los chinos de hoy no saben nada de lo que ocurrió en aquella plaza, y lo acontecido allí no figura en sus libros de Historia. El régimen ha vetado la memoria sangrienta y atroz, vergonzosa, de Tian´anmen. China no quiere recordar aquella masacre, aquel 4 de junio o, mejor dicho, el poder del gobierno no lo permite: hasta la palabra "Tian´anmen" está censurada por los dirigentes del gigante asiático, y los supervivientes todavía, muchos en el exilio, recuerdan con dolor la brutal represión sufrida.

El gobierno chino de hoy no parece menos corrupto ni menos represor que aquel, y al que se enfrentó un solo hombre poniéndose delante de una fila de tanques. Aún no se sabe la cantidad de personas que fueron masacradas en aquella plaza durante un 4 de junio de hace veinticinco años, pero se cuentan por cientos los muertos, y por miles los heridos. ¿Qué significa esta luctuosa efeméride? Que China lleva más de veinticinco años de represión y que nada parece haber cambiado lo suficiente: la única ciudad del país donde se ha conmemorado el suceso ha sido Hong Kong, quizá la más aperturista e internacional de todas.

Al legítimo reclamo de democracia, y mayor transparencia del gobierno, por parte de unos estudiantes que se manifestaban pacíficamente, el ´stablishment´ chino respondió con vehículos blindados que irrumpieron brutalmente, disparando y aplastando a quien se interpusiera en su camino. Los supervivientes del desastre fueron detenidos, torturados, y condenados tras juicios injustos; los más afortunados consiguieron marchar al exilio y establecerse fuera del país. Ni las familias de las víctimas fueron indemnizadas de ninguna forma ni el gobierno ha movido un dedo para investigar lo sucedido hace ya demasiados años. La libertad de expresión, como cualquier otro tipo de libertad, sigue brillando por su ausencia en Pekín, y aún hay ciudadanos presos por escribir sobre lo ocurrido aquel 4 de junio de 1989 que, pese a quien pese, el resto del mundo no ha podido borrar de su memoria.

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