Tribuna abierta

Nuevo Rey, nuevos tiempos

22.06.2014 | 02:00

Recibí con agrado la invitación al acto de proclamación como Rey de su Majestad don Felipe. Lo cierto es que tuve la suerte de conocer al nuevo monarca en, al menos, tres ocasiones. La primera, en 1995 cuando el entonces joven príncipe llegó a la Isla para rodar un capítulo de la serie La España Salvaje. El viaje resultó un tanto ajetreado porque un incendio hizo que sobre la marcha se tuviera que cambiar de planes. Don Felipe desde la Delegación del Gobierno se interesó por las labores de extinción y por los asuntos de La Gomera.

Pocos años después volvería a la Isla esta vez para tomar contacto en profundidad con nuestra realidad social. Entonces se reunió con sectores de jóvenes, la tercera edad, visitó la Casa de Colón o el recién remodelado edificio Junonia. Y la última ocasión fue en septiembre de 2012 cuando acompañado de su esposa doña Letizia visitó los lugares que habían sufrido los incendios de aquel verano. Evidentemente en aquellos difíciles momentos no podíamos sino agradecer el gesto de apoyo justo cuando los gomeros nos recuperábamos del duro golpe recibido.

Su padre, don Juan Carlos y su abuelo, don Juan de Borbón también fueron profundos conocedores de la realidad de nuestra Isla. El anterior monarca visitó en varias ocasiones La Gomera y el conde de Barcelona permaneció durante varios días seguidos entre nosotros. Por lo tanto, creo que es justo reconocer que la Monarquía ha demostrado una especial sensibilidad con La Gomera y que ésta se ha plasmado en gestos concretos de reconocimiento hacia nuestras singularidades y de apoyo en momentos especialmente duros.

Desde el conocimiento cercano de la familia real considero que efectivamente el nuevo Rey es una persona preparada para guiar a España durante la segunda transición que se abre ante nosotros. Estamos frente a un Rey formado en la Universidad y cercano a la sociedad y que sin duda es consciente de los retos importantes a los que se está enfrentando desde el día siguiente de su proclamación. Los problemas no son desde luego menores.
Unas tasas de paro que engulle a millones de personas, un crecimiento galopante de la pobreza y las diferencias sociales cada vez mayores, la falta de credibilidad en las instituciones, incluida la propia Corona, la siempre complicada unidad nacional por la tensiones con Cataluña y las posibilidades que se abren ante una reforma constitucional. Pero si difíciles son los retos, creo que igual de intensa debe ser la confianza que debemos depositar en nuestro nuevo monarca. Confío en que sabrá estar a la altura de las circunstancias al igual que lo estuvo su padre en unos momentos también especialmente complicados para la democracia.

Y esta certidumbre no surge de una credibilidad ciega, sino de hechos ciertos como la sólida formación académica y militar del nuevo monarca o las líneas programáticas que concretó en un discurso que huyó de la demagogia tan habitual en este tipo de ceremonias. Por el contrario don Felipe no dudó en referirse a las principales preocupaciones de los españoles como si no pudiera esperar ni un sólo día para ponerse manos a la obra. Habló del paro, de los intentos secesionistas del País Vasco y Cataluña a los que dedicó más de una referencia. Debemos valorar sus llamamientos a favor del diálogo y su ya demostrada capacidad de alcanzar consensos.

No menos importante ha sido la inyección de optimismo y de autoconfianza que ofrece a un país que durante los últimos años ha visto sacudidos algunos de los cimientos sobre los que se asentaba. De un día para otro España pasó de ser una potencia económica a convertirse en una nación ahogada por el paro y la crisis económica.

La sensación que extraje de su primer discurso como Rey es que nos encontramos ante un monarca capaz de liderar una nación que atraviesa momentos de especial dificultad, equiparables a las vividas durante el doloroso paso de la dictadura a la democracia. Llegué a la conclusión de que nos encontramos ante un Rey realista, formado, humano, cercano y muy consciente de la época en la que le ha tocado liderar a todo un país.

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