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Luz de luna

La democracia se construye a golpe de martillo

18.06.2014 | 23:22

Mientras el bipartidismo español se frotaba las manos a la espera de repartirse el pastel de ese nido de víboras llamado Parlamento europeo, donde se compran y se venden las libertades y los derechos de los países en beneficio de los intereses económicos de los más poderosos, en Santa Cruz de Tenerife se produjo un grave indecente electoral que pasó desapercibido para ciertos medios de comunicación impresos, pero del que se dio buena cuenta en las redes sociales.

Me refiero a la agresión que sufrieron varios militantes de Izquierda Unida Canaria (IUC) el 23 de mayo en un acto de fin de campaña en la Plaza Pedro Schwartz de esa ciudad hasta el punto que uno de los la llevaron a cabo intentó golpear con un martillo a uno de ellos, sin olvidar los gritos a favor de consignas fascistas.

Este tipo de hechos corroboran aún más que la democracia en España está alimentada por un componente oculto de violencia exacerbaba y controlada, que duerme mirando de reojo y que actúa en aquellos momentos que considera oportunos. Se alimenta de banderas, odio y glorias pasadas, pero sobre todo de la imposición de la autoridad como garantía del orden.

Si esta agresión hubiese sucedido en uno de los mítines que da algún representante de ese bipartidismo, se hubiese desencadenado todo un marketing para demostrar que unos pocos quieren derribar esa democracia, haciéndonos partícipes del sentimiento de culpabilidad para seguir centreando nuestras miradas –y sobre todo nuestro voto– en la magnitud del trabajo que llevan a cabo en pro de España. Pero no sucedió en este caso porque IUC no forma parte del "baile de cenicientas" y hay que frenar a toda costa su margen de participación pública como fuerza política alternativa, de ahí el tratamiento de la noticia y la forma de proceder de los cuerpos de seguridad.

Juan Diego Botto comentaba hace poco en la radio cómo su padre había sido torturado y asesinado en la Escuela de Mecánica de la Armada en Argentina, dentro del período de la dictadura argentina. Al final confesó que nada ni nadie le devolverá a su padre ni las lágrimas de su madre serían suficientes para mitigar su dolor, pero el hecho de un tribunal juzgase a los torturadores era como una pequeña recompensa por ese daño cometido, aunque insignificante porque se trata de la pérdida de una vida.

La conclusión es que hay mucha gente interesada en generar violencia a toda costa, acallar voces de protesta, frenar los avances sociales y las alternativas políticas, y garantizar la sumisión de un pueblo adormitado por la televisión y los teléfonos móviles. Un martillo hubiese supuesto la muerte de una persona y no nos paramos a pensar en eso mientras seguimos sonriendo al decir que España es símbolo de democracia. Yo no soy como Juan diego Botto.

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