Misterio$

La normalización de la charlatanería

18.06.2014 | 02:00

Cuando, con muy buen criterio, el rector de la Universidad de Las Palmas de Gran Canaria denegó el permiso para que un congreso de cazafantasmas y marujeos espiritistas se celebrara en el paraninfo de la institución a principios de junio comenzaron en Facebook los lloros de los aficionados, sacaron a relucir sus argumentos de saldo y unos pocos se rasgaron las vestiduras. Me permito recomendar a los preocupados por la educación y a los pedagogos (me refiero a los que no sean cómplices de los nuevos paradigmas educacionales o manías equivalentes) que se pasen por alguno de esos foros y comprueben cómo, en nombre de la libertad y algún que otro cliché como el progreso y contra la "censura", un significativo número de analfabetos científicos se acaloró porque no pudo acceder a su ración de consuelos metafísicos en un recinto académico.

Entre las tonterías que se pudieron leer también surgió, como suele ser habitual, la del proceder inquisitorial del rector, acusación útil para defender cualquier ocurrencia beoda, que vino acompañada por el "desprecio académico hacia el mundo del misterio" y la derivada "indecencia intelectual". Estas absurdas acusaciones fueron dirigidas contra quien se negó a ceder espacio académico para que una médium contactara con los fallecidos; para que uno hablara de los extraterrestres reptilianos (que gobiernan el mundo, como en la serie V) y para que otra hablara de los fantasmas y las casas encantadas, como si tales leyendas no fuesen producto de nuestras mentes y creencias, sino realidades que los científicos se niegan a aceptar porque son muy cerrados de mente. La ciencia y sus misterios interesan a todos los científicos. Pero los auténticos científicos viven de que los misterios desaparezcan, porque ése es su destino natural. Si por algunos amantes de los misterios comercializados fuera creo que estaríamos todavía curando enfermedades apelando a entidades transmundanas y los científicos no habrían desechado esta creencia al proponer y comprobar la realidad de los microbios patógenos.

Este mundo se promociona de la mano de empresarios de lo oculto y traficantes del misterio que previamente estudiaron periodismo (no todos), pero casi en toda ocasión resulta difícil averiguar a qué se dedicaron mientras pasaron por la facultad, ya que son incapaces de aclarar un dichoso misterio; ni siquiera son capaces de taparse intentando una interpretación racional de un supuesto hecho o suceso paranormal. ¿Pido demasiado para un colectivo cuya existencia se basa precisamente en lo contrario?; seguramente, pero el aficionado tiene derecho a saberlo, y luego elegir.

Estos profesionales del más allá se presentan como amantes de conocimiento, mentes vanguardistas que tienen guardado un detector de fantasmas en el desván de su casa y que confunden las fantasías personales del consumidor medio con la ciencia puntera. Y como saben que esto es un discurso vacío, se arropan con la explotación de la caridad ajena, de tal forma que parte de los ingresos que obtienen por sus saraos van destinados a proyectos humanitarios, lo cual es paradójico, pues resulta que para ayudar "humanitariamente" a un sector primero hay que venderle a otro un montón de barbaridades sobre el más allá. Es un proceso de depuración del cinismo hasta la excelencia. Así una actividad charlatanesca queda integrada en la sociedad bienpensante.

Ese congreso del "misterio", al margen de su completa intrascendencia científica, es interesante como ejemplo del individualismo religioso contemporáneo. Un público cuyo único criterio para distinguir entre lo posible y la necedad es su propia conciencia hiper-emotiva necesita píldoras con las que calmar sus ansias de un más allá, revestidas con un protector estomacal en forma de marketing. Ese estado mental les impide darse cuenta del fraude cultural que les venden unos mercaderes sin escrúpulos.

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