tribuna abierta

Los peligros del piche

15.06.2014 | 02:00

No te preguntes qué puede hacer tu isla por ti. Pregúntate qué puedes hacer tú por tu isla.

Tomar prestada la cita del presidente Kennedy es más oportuno que nunca. Porque en nuestra sociedad se ha creado una cultura reivindicativa de los derechos pero a veces se ha olvidado la otra cara de la moneda que son los deberes.

La gente de hoy tiene más formación y más opinión que nunca. Los ciudadanos saben cuáles son sus derechos y están dispuestos a defenderlos con uñas y dientes. Y a exigir responsabilidades a quienes incumplan sus obligaciones. Y todo ello es bueno, porque forma la base de una sociedad responsable. Una sociedad que, por ejemplo, ha empezado a mentalizarse sobre asumir a cambio de nada los riesgos de extracciones de petróleo en las aguas cercanas a un archipiélago que mueve casi trece millones de turistas cada año.

No voy a entrar en el fondo de la cuestión. Y el fondo es que no se ha ofrecido ni una sola compensación real a Canarias por unas actividades potencialmente peligrosas para el medio ambiente. Toda actividad humana –también el turismo– tiene una repercusión sobre el medio natural. La pregunta que debemos contestar es si la huella de esas actividades es compensada por los beneficios que aporta a la sociedad, por la riqueza que proporciona a las familias.

Ha sido todo un espectáculo ver a miles de personas pronunciarse contra las prospecciones previstas en aguas cercanas a Canarias a la búsqueda de yacimientos de petróleo. Y verlas, incluso, en islas en donde el riesgo de repercusiones de un posible vertido es mucho menor. Se trata de solidaridad entre los canarios. Y en este sentido, la Isla de Tenerife ha dado un maravilloso ejemplo de responsabilidad.

Pero quisiera que fuéramos un poco más lejos. Porque es verdad que debemos preocuparnos por nuestras islas. Por nuestra isla. Vivimos en un barco de piedra. Casi millón de personas habita aquí, en este gigantesco navío donde el palo mayor es un gigantesco cono de volcán de casi tres kilómetros y medio de altura. Una de las mayores y más hermosas velas del mundo. Nuestra vida, la de nuestros hijos y nietos, tiene que desarrollarse en un territorio limitado de poco más de dos mil kilómetros cuadrados. Un lugar donde carecemos de recursos naturales. Donde la obtención del agua es un trabajo milagroso y costoso. Pero un lugar en el que disfrutamos de un extenso régimen de sol, de paisajes volcánicos absolutamente inigualables, bosques frondosos, costas de aguas cristalinas...

Cuidar esos dos mil kilómetros cuadrados en los que vivimos es una obligación fundamental que debemos enseñar a las futuras generaciones. La isla no va a crecer, pero nosotros sí lo hacemos. Constantemente. Y queremos que crezca el número de turistas que nos visita cada año, que es la principal fuente de riqueza y actividad económica de Tenerife. Eso implica que hay que aumentar exponencialmente nuestro esfuerzo por reducir el impacto de las actividades económicas que nos dan de comer y el impacto de nuestra propia vida en el medio ambiente.

Tratar adecuadamente la basura, recogerla como es debido, reciclarla para extender el ciclo de vida de determinados materiales reutilizables, no sólo es practicar una política responsable con el medio ambiente. Se trata de otra cosa: sobrevivir. Si no somos capaces de cuidar a nuestra isla en todos y cada uno de los pequeños detalles, desde el primero hasta el último de todos nosotros, en cada uno de los rincones de Tenerife y en cualquiera que sea la actividad que realizamos... Si no somos capaces de hacer esto, nos estaremos suicidando. Porque estaremos acabando con el limitado pedazo de tierra en el que vivimos y degradándolo cada día un poco más.

Desde el Cabildo de Tenerife hemos contribuido a que nuestra isla sea líder en Canarias en la gestión de residuos. Casi el 70% del reciclado se realiza aquí. Durante el año pasado se reciclaron en la isla casi 30.000 toneladas de envases, más de un 50% que el año anterior. Somos campeones en responsabilidad y esos datos son buenos. Porque nuestra casa no acaba en la puerta. Ni en la calle. Ni en el pueblo. Es toda una isla en la que vivimos y de la que vivimos. Una isla que muestra ya demasiadas cicatrices como huella del daño que gente irresponsable le causó en el pasado reciente o remoto. El piche en las playas y costas no es el único ni el mayor peligro al que se enfrenta Tenerife. Hay un chapapote, negro y sucio, que se extiende todos los días por todos los rincones de la isla. El descuido, la dejadez la irresponsabilidad, la basura... Es una contaminación silenciosa y mortal contra la que también tenemos que luchar. Todos. Porque si no somos todos, habremos perdido la batalla.

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