tribuna abierta

El dilema Monarquía o República no queda archivado

15.06.2014 | 02:00

Aprobada en el Congreso la ley de abdicación de Juan Carlos I, y siendo previsible un resultado análogo en el Senado, el dilema Monarquía/República tendrá que remitirse al momento en que las Cortes aborden la reforma de la Constitución, si es que consensúa una revisión del modelo de Estado. En la cámara se oyeron democráticamente las intervenciones más diversas, vinieran o no al caso, pero la votación del texto único reflejó casi milimétricamente lo anunciado a priori por los distintos grupos. Se entiende mal la salida de Amaiur. Si pudiendo optar, como los demás, por el sí, el no, o la abstención, ninguna actitud le vale, el sentido de su presencia en las Cortes es un enigma. Casi todos los "noes" sonaron acompañados de un breve porqué justificativo, pero los abertzales también pasaron de esa oportunidad testimonial. Ellos sabrán por qué.

Por supuesto que el asunto Monarquía/República no queda archivado. Pero quienes impugnan la masiva aprobación de la ley afirmando que la mayoría parlamentaria no refleja la mayoría social, se hacen flaco favor no dimitiendo en bloque de un paripé tan pervertido a sus ojos, para forzar un sistema electoral más respetuoso de la realidad y estrenarlo en comicios anticipados. Limitarse a conjeturas indemostradas es retórica oportunista sin más recorrido que el de la melancolía. Probablemente bastaría un referéndum en toda España para despejar el dilema y, si procede, incorporar el resultado al debate de la reforma constitucional. Porque todo acaba desembocando en la ley básica, y estaría feo saltársela pisoteando el principio de legalidad de las democracias avanzadas.

Tal vez sea factible tramitar el referéndum con base en una petición popular suscrita por las suficientes firmas, que exigirían el esfuerzo de recabarlas y legitimarlas. Se dice que incluso tendría interés para Felipe VI, a fin de despejar de una vez por todas el apoyo social objetivo de la monarquía parlamentaria de contenido europeo que él titularizará a partir del día 19. No ha de ser plato de gusto para ningún monarca constitucional ejercer con la permanente puesta en duda de su legitimidad. El modelo de estado, dentro de la reforma constitucional, quedaría incontestablemente resuelto con esa consulta. Sin ello, las "mareas" con banderas tricolores y la retórica parlamentaria serán fastidiosas e inútiles rutinas. ¡Y muy bien por Odón Elorza! Guste o no, su gesto de libertad impugna una desviación democrática tan maligna como la llamada "disciplina de voto". Si lo sancionan, se equivocarán una vez más.

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