Tribuna abierta

Otra evocación requerida

14.06.2014 | 02:00

Sé que nadie o pocos, muy pocos, se acordarán de él porque, tras las elegías y los panegíricos excesivos, monótonos y numerosísimos después de la muerte de García Márquez, este año es, sobre todo, el del centenario de Octavio Paz y el de Julio Cortázar; pero también lo es de otro poeta que fue amigo de Paz y sobre el que ya he escrito: Efraín Huerta, y de un mejicano revolucionario y lanudo, estupendo novelista y narrador, que se llamaba José Revueltas. Revueltas nació en la ciudad de Durango el 20 de noviembre de 1914 y murió en México D. F. el 14 de abril de 1976. Fue narrador, guionista y activista político. Cuando José Revueltas tenía solo seis años, corría 1920, su familia se trasladó a la capital mejicana, a la conocida colonia Roma para luego pasar a vivir en la Doctores. El niño José cursó sus primeros estudios en el Colegio Alemán y, cuando fallece el padre (José Revueltas Gutiérrez), pasa a hacerlo en una primaria pública debido a las dificultades económicas que vive la familia. Ya en 1925, y antes de concluir su primer año de estudios de secundaria, José abandona las clases y emprende una formación autodidacta acudiendo a la Biblioteca Nacional.

En 1929 participa en uno de sus primeros mítines en Zócalo, pero es detenido, acusado de sedición y motín, y enviado a una cárcel correccional para ser liberado solo unos meses después. La escritura de José Revueltas comprendió la novela, el relato, el teatro y la poesía, de la que dijo: "Practico la poesía, pero muy en privado, y me parece un arte muy elevado para que pretenda siquiera uno poderlo hacer" (Conversaciones con José Revueltas, México, Era, 2001). La obra literaria revueltiana principia con la publicación de Los muros de agua (1941); a la que sigue El luto humano (1943), libro con el que logra el Premio Nacional de Literatura. Después de estos dos primeros libros aparecen Dios en la tierra (1944), y Los días terrenales (1949). En 1949 presenta también su drama El cuadrante de la soledad. Ambas obras recibieron fuertes críticas en el momento de su aparición. El 14 de abril de 1976 (hace ya 38 años) falleció de una "decorticación cerebral post paro cardíaco". Tenía 61 años. Sus memorias, ciertamente memorables y de las que tomo el título de este articulito, se llaman Las evocaciones requeridas.

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