ritos de paso

Para el PSOE, si existe

13.06.2014 | 02:00

Me gusta imaginar las calles de Madrid repletas de República, y los viejos lomos de los libros buenos cubiertos de aforismos. Me gusta soñar que hubo un tiempo en el que muchos más eran más libres de lo que somos hoy, aunque no sea cierto. Me gusta pensar en cosas bonitas cuando los tiempos de tribulación permanecen en exceso, como ahora. Me gustan las librerías de antaño, las zapaterías de hogaño y las corseterías de Andorra, sobre todo. Me gustan las películas inesperadas de madrugada y en versión original. Me gusta buscar aquella fotografía en primera de El País en la que varios ministros del primer gobierno de Felipe González jugaban al futbolín en "El Bocho" antes de comer, con sus carteras recién estrenadas y postergadas. Me gusta recordar a Ernest Lluch casi todos los días, que estaba además en esa foto, y a su ley de sanidad -y mucho menos su horrible asesinato- y a Gemma Nierga pidiendo diálogo fuera del guión que le habían escrito.

Me gusta lo que todavía pueden y osan escribir periodistas de raza como Jose María Izquierdo, en aparente fuera de foco y de contexto pero más en el alma y en el curso del tiempo que Win Wenders. Me gusta la tinta de la pluma sobre la libreta, negra en este caso, en la misma terraza madrileña en la que Federico García Lorca se hizo una foto brillante, traje de lino blanco pleno, que hasta hace poco se suponía su última foto. Me gusta repetir a los cuatro vientos la inmensidad que fue el concierto de los Rolling Stones en julio de 1982, y la tormenta, la bruta tormenta que anticipó la victoria socialista de octubre (Felipe estuvo, en vaqueros y con cuarenta años escasos). Me gusta escribir mil veces que no hay ética sin estética, y viceversa, que diría el maestro Valverde. Me gusta imaginar, de nuevo, las calles de Madrid repletas de república, de tertulias, de cafés, de fiesta y de jarana, de mucha primavera y alegría, de azules proletarios, de mono y de corbatas, de intrépidos poetas que fueron casi nada, pero también de muchos tiros (hasta los toreros llevaban pistola). Me gusta la ilusión de las ilusiones, esa que hoy tan poco se ve, tan poco se vislumbra. Me gustan los lectores y los paseantes de todas las ferias de libros: son estupendos, y se cansan pero resisten, y siguen siendo estupendos. Y me gusta sonreír antes de que amanezca, porque nunca podemos olvidar que la aurora es siempre transitoria.

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