Azul y blanco

Proclama real

09.06.2014 | 02:00

Don Juan Carlos I, Rey de España, lo será hasta el 18 de junio de este año. Ha sido hábil escogiendo el momento. Con los bolsillos de muchos vacíos, con un Estado que se resquebraja por Los Pirineos, con una mayoría monárquica en el Congreso, con los republicanos de la rosa en plena efervescencia de primarias y con Rubalcaba recibiendo los elogios de la derecha "popular", es un buen momento para dejar lo que queda de la Corona en manos más jóvenes y caderas sin prótesis.

Las infantas no estarán contentas. Dejan de ser Familia Real para pasar a ser familiares del Rey. Y no es lo mismo la cobertura que dan los padres cuando cometes fechorías que la que te puede dar tu hermano pequeño. Ayudar sí, pero poner en peligro el negocio familiar, no.
Doña Sofía, empero, ha de estar encantada. El escaso dominio de nuestro idioma, al que no ha dedicado tiempo en aprender, ya no es asunto que le incomode. Podrá ir a ver a sus nietos siempre que quiera, imputados o no sus padres. Ya puede comprar en donde le apetezca, sin recaer sobre sus espaldas la obligación de comprar en nuestras tiendas por hacerlo con dinero de nuestros impuestos.
Para el Rey es un alivio, antes que físico, sicológico. Ya no se le trabará la lengua en los discursos, aunque tampoco irá mucho por Botsuana. Las manos están ya ocupadas en sujetar otro tipo de palos.

El hijo hereda una España mermada en las cuentas, tocada en el ánimo, robada y despreciada por gente que conoce bien y gobernada por la Troika. Para que el pueblo le aclame ha de repartir la riqueza; por ejemplo, destinando parte de su patrimonio a becas de formación o de investigación. Y debería implicarse para que abrieran el crédito especialmente los bancos salvados con dinero de todos. La sociedad agradece cuando tiene sus necesidades básicas cubiertas. Solo con el estómago lleno hay fuerzas para gritar" ¡Viva el Rey!"

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