Tribuna abierta

28 palabras

06.06.2014 | 00:20

Muy lógica y razonable la convulsión que ha generado la abdicación del Rey, la diversidad de opiniones sobre el pasado y futuro de nuestro país, y muy lógico también que, una vez más, pero ahora más que nunca, se reavive el debate monarquía-república. Lógico, además de obligatorio, que los partidos opinen y se posicionen, unos, como el PSOE, de acuerdo con los cauces que establece nuestra Constitución, y otros saltándosela a la torera, lo que resulta legalmente inviable, o proponiendo, o exigiendo, actuaciones a destiempo, cuando hay que recordar que en estos días lo que tenemos que decidir los diputados y senadores es el voto que vamos a dar a una Ley orgánica en la que SOLO se dará forma a lo legalmente establecido en la vigente Constitución de 1978, una Ley de solo 28 palabras para dar trámite a la abdicación del Jefe del Estado y proceder a su sucesión.Cualquier otra propuesta, como la introducción de un referéndum sobre monarquía-república, simplemente, o pretende crear confusión, o manipula la situación y el debate actual, o desconoce el procedimiento que nos marca la Constitución.

Ahora bien, es bastante cierto que se tenían que haber hecho ya los cambios necesarios en la Constitución para adaptarla a las circunstancias actuales, que ha existido mucho inmovilismo, que tras 36 años que la votamos a favor, ahora existe una nueva generación que no tenía edad para hacerlo y ahora pide intervenir en su modificación, igual que resulta razonable la posición de los ciudadanos que piden participar con su voto en la elección del Jefe del Estado o los que consideran que el tiempo en que este cargo era hereditario ha pasado.

El PSOE defendió la República como modelo de Estado durante el debate constitucional de 1978, y no solo eso, no votó a favor de la ponencia constitucional, pero una vez aprobada la Constitución, hemos actuado en consecuencia y con responsabilidad, por lo que, de acuerdo con el mandato constitucional, hay que recordar una vez más que la modificación de la Constitución no es tarea fácil, aunque no imposible, exige de una mayoría muy cualificada del Congreso y Senado, nada más y nada menos que el voto favorable de dos de cada tres parlamentarios, o sea, 2/3 de las Cortes, luego la disolución de éstas, a continuación convocatoria de nuevas elecciones generales constituyentes, vuelta al Congreso y Senado con los 2/3 de votos favorables, y ahí no acaba el proceso, se necesita para completarlo la ratificación posterior en referéndum de todos los ciudadanos. Un procedimiento, como vemos, no imposible pero que exige muchas voluntades y la superación de no pocas dificultades, y, lo que es más importante, de un consenso parlamentario no habitual, que absolutamente nada ni nadie se puede saltar.

Por eso los parlamentarios socialistas somos prudentes y respetuosos con la situación que vivimos estos días, republicanos de sentimientoy convicción, al mismo tiempo que constitucionalistas,muy conscientes de la responsabilidad que nos toca asumir, y de la respuesta que debemos a nuestros militantes y ciudadanos.Pero entiendo las demandas y opiniones tan diversas de los 47 millones de españoles, nos toca consensuar fórmulas de entendimiento y convivencia de diversas ideologías, a veces contrapuestas, por lo que en el PSOE vamos a definir muy claramente lo que propondremos a los ciudadanos en el programa de las próximas elecciones generales, incluido el modelo de Estado.

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