Libros para acabar el año, o incluso leerlos
matías vallés 30.12.2013 | 02:00El polémico comentarista cultural Bill Simmons declaró que no ha visto El gran Lebowski porque es necesario saltarse como mínimo un gran hito cultural. En aplicación de esta doctrina, adjuntamos una lista de los libros con la calidad suficiente para que usted presuma de habérselos saltado a estas alturas del año. Por ejemplo, todo el mundo ha leído La verdad sobre el caso Harry Quebert, o ha presumido de no haberlo hecho. La novela merece la polvareda que ha levantado, incluso entre quienes la han soslayado. Si consigue encontrar una novela no escrita por un autor nórdico, es conveniente que se trate de Operación Dulce, mediante la cual Ian McEwan se hace mujer y da un paso más hacia el Nobel. La vigente ganadora del galardón también escandinavo es Alice Munro. Por primera vez, el premio contribuye a las ventas de un autor, lo cual obliga a destacar a Demasiada felicidad como el conjunto de relatos más acertado de la escritora canadiense. Los amantes de narraciones de mayor densidad deberán aguardar la traducción del último Pulitzer, el prodigioso The Orphan Master´s Son ambientado en Corea del Norte por Adam Johnson. Entretanto, soy un admirador del Bloody Miami de Tom Wolfe. De hecho, soy el único que conozco. En España, la nostalgia en serie sobre la transición democrática sirve como indicio del final de ciclo político. Un año en que el Premio Nacional de Ensayo ha recaído en el plúmbeo Informe sobre España. Repensar el Estado o destruirlo de Santiago Muñoz Machado, cuesta pronunciarse sobre títulos ni siquiera galardonados. La jeremiada Todo lo que era sólido de Antonio Muñoz Molina ha sido el triunfador del género. Para llorar. Queme alegremente las delirantes muestras de analfabetismo opiáceo de Zapatero, Solbes, Felipe González y Aznar, sorprendentemente convencidos de que un país exhausto desea soportarlos más allá de su cumplimiento del deber. Menuda banda, España ha de tener más fuerza de la que suponen sus habitantes, si sobrevive a ejemplares como los citados. Esperemos que Bono –el político de los cantantes, no el cantante de los políticos– publique pronto sus diarios ministeriales. En cambio, no permita que el éxito de ventas le aleje de Puedo prometer y prometo. La aproximación de Fernando Ónega a su jefe Adolfo Suárez sorprende agradablemente por la ausencia de pretenciosidad. Un excelente libro para quejarse de no haberlo leído. Salvador Pániker es el Einstein español. Su Diario de otoño resulta obligatorio para quienes devoraron los sucesivos y prodigiosos Segunda memoria, Cuaderno amarillo o Variaciones 95. Curiosamente, el cronista terso se despeña hacia una reprobable histeria a partir de la muerte de su hija. Tal vez remacha su humanidad, pero daña irreversiblemente su literatura. Entre los libros para sentirse más inteligente, habrá que aguardar a la traducción de El arte de derrotar a los gigantes, donde el celebérrimo Malcolm Gladwell defiende la lógica impecable de que David descalabrara al mastodóntico Goliat. Dos ensayos prodigiosos se disputan la atención en el año que acaba. Todo el mundo ha oído hablar, sin necesidad de leerlo, de Por qué fracasan los países, el tratado de economía democrática de Daron Acemoglu y James A. Robinson que acuñó para la posteridad el concepto de "élites extractivas". De ahí que se haya propagado su onda expansiva a lo largo de 2013. En la última curva ha sido adelantado por el nuevo mundo cartografiado en Big data, de Viktor Mayer-Schönberger y Kenneth Cukier. Alborean una civilización en que las leyes de la lógica han sido desplazadas porque por primera vez disponemos de todos los datos. El rebelde Nassim Nicholas Taleb demuestra a quienes quedaron impresionados por sus cisnes negros que Antifrágil implica flexibilidad. Nicholas Wapshott personaliza en Keynes vs. Hayek el duelo que define la crisis económica contemporánea, y John Gray se confirma en El silencio de los animales como el pensador más original egresado de la London School of Economics. De vuelta a casa, Leontxo García pone la realidad a cuadros en Ajedrez y ciencia, pasiones mezcladas. El ego embridado de Enrique Vila-Matas enriquece Fuera de aquí, fructífera conversación con su traductor al francés, André Gabastou. La humillación de Hans Magnus Enzensberger en Mis traspiés favoritos sólo será apreciada por quienes sobrevivan a la traducción al argentino. El thriller de final de año es Los corruptores, del mexicano Jorge Zepeda. Sin cambiar de país, la extraordinaria novela epistolar La silla del águila vuelve a la actualidad porque el manual de Carlos Fuentes sobre el poder es la última lectura de Susana Díaz. Y la Joël Dicker del año próximo responde por Karine Tuil, que en L´invention de nos vies equivale a Tom Wolfe se encuentra con Javier Marías, el mismo que ha colocado la traducción al inglés de Los enamoramientos entre los cien mejores libros del año para The New York Times.

