entre bastidores

Adán, Eva, Franco y Pol Pot

30.08.2013 | 02:00

Rafael Hernando no es cualquiera. Es el portavoz adjunto del PP en el Congreso de los Diputados. Y ha dicho algo impactante: "las consecuencias de la república llevaron a un millón de muertos". No es el único que lo cree: hay una corriente que considera al llamado Alzamiento, o golpe de estado del 1936, como una consecuencia inevitable de los males republicanos. Quizás por eso a Hernando le parece reprobable exhibir la bandera republicana en actos públicos.

Claro que si la república es culpable del millón de muertos por dicha razón, el gobierno del general Berenguer y quien le nombró, el rey Alfonso XIII, también lo son, por cuanto su mal gobierno propició la llegada de la república. ¿Y de quién es culpa que reinara Alfonso XIII y que gobernara Berenguer? Si seguimos para atrás, vamos a llegar a los íberos.

Como estos temas siempre queman, busquemos analogías fuera. Por ejemplo: el nazismo y el holocausto. Hitler y su cuadrilla exterminaron fríamente a millones de personas, y por ello Alemania reniega de su memoria y recuerda sus crímenes. Pero podría aducirse que Hitler ascendió por el colapso de la República de Weimar. Y esta colapsó por la crisis económica general y local. Y en la crisis económica local tuvo mucho que ver la hiperinflación derivada de las reparaciones por la Primera Guerra Mundial. Por lo tanto, el holocausto fue culpa de la República de Weimar y, antes, de los aliados que impusieron las duras reparaciones en el Tratado de Versalles, y antes, de a quien quiera que culpemos por la Primera Guerra Mundial.

Y en dirección contraria, el holocausto facilitó la creación del estado de Israel, lo que a su vez introdujo un factor de inestabilidad en toda la región, que llega hasta nuestros días. De lo que se deduce que la culpa de lo que ocurre en Siria es de los firmantes del Tratado de Versalles, o tal vez de Gavrilo Princip, que el 28 de junio de 1914 asesinó al archiduque Francisco Fernando de Austria en Sarajevo.

Antes de que relacionemos a Adán y Eva con Pol Pot, lo que nos dejaría sin margen para el libre albedrío, vamos a establecer algo básico: una cosa es que un legítimo gobierno surgido de las urnas cometa errores, incluso graves, y otra alzarse en armas contra él a los cinco meses de las elecciones. Si igualamos las dos cosas, estaremos perdiendo referencias esenciales.

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